A ti, Manolo…

Qué difícil es asumir que ya no estás, Manolo. Tú, tu humildad, tu carisma, tu generosidad, tus buenas palabras, tu disponibilidad para ayudar a todo el que pudieras… Eras -y serás, porque eso no se olvida- una gran persona. Un tipo de persona que deja huella. Y a las pruebas me remito… porque hoy, que habría sido tu cumpleaños, todos te estamos recordando. Esto solo lo consigue la gente con alma. La gente que merece la pena, como tú.

Hoy quiero recordarte. Pero recordarte bien. Dentro y fuera del campo… porque dejaste tu historia en ambas posiciones.Preciado

Llegaste al Sporting en 2006 en una época difícil para el conjunto asturiano. Diez años en Segunda desilusionaron a la parroquia sportinguista y el Molinón no se llenaba como sí ocurre ahora. Tú iniciaste el cambio. Tenías enfrente un reto difícil, pero quizá eso fue lo que más te motivó. Tu don de gentes, ayudado de los resultados, hizo que afición y equipo empezaran a remar hacia la misma dirección: el ascenso.

En tu segunda temporada dirigiendo a los gijoneses conseguiste el salto de categoría. Qué mérito, Manolín. La ciudad se tiñó –aun más- de rojiblanco y la imagen que identifica ese ascenso, al menos para mí, es tu cara. Una cara que muestra una mezcla de emoción y felicidad -carente de palabras que puedan describirla- y tus puños hacia el cielo en señal de victoria. Ahora, cada vez que visito el templo, visito tu estatua para entrar al partido con esa imagen.

El equipo militó durante tres campañas en Primera, con victoria frente al Real Madrid de Mourinho incluida. La última campaña no fue fácil, a finales de enero decidieron que tu puesto fuese ocupado por Iñaki Tejada y posteriormente por Clemente, pero ninguno pudo evitar el descenso. Qué difícil y doloroso fue verte marchar así. Y, sobre todo: qué injusto.

Hay una canción que dice: “tu recuerdo sigue aquí…”. Y así es. Tú eras positivismo, fortaleza, valentía, coraje, pasión por la vida… Pese a que la vida te golpeó fuerte en varias ocasiones. Es por esto que llegabas al alma de todo aquel que te conocía. No pisabas, pero tampoco permitías que te pisaran. No te creías más que nadie, pero tampoco menos. Conocedor en primera persona del sufrimiento, siempre elegiste seguir luchando. Grandeza humilde, quizá esa sea la expresión que te define.

La vida apenas te sonrió -algo que nunca he conseguido entender- y, sin embargo, tú siempre lo hacías. Ahora me viene a la cabeza una canción de Violadores del Verso: “¿Por qué los cabrones ríen y los honrados padecen?”. Toda persona que te conocía, terminaba queriéndote… No es casualidad ni apariencia, te lo ganabas a golpe de cariño.

El día que te fuiste, el mundo se paró. Nadie conseguimos entender porqué la vida se cebó contigo de tal manera. Estoy segura de que allá donde estés, sonríes con las victorias y sufres con las derrotas. Estoy segura de que algo tuviste que ver en el bendito ascenso. Y es que… los grandes nunca mueren. Tú nunca lo harás. Sigues aquí y seguirás… porque no te olvidaremos nunca.

Un GRACIAS se queda corto para ti.

Ojalá hubiera más Manolo(s) Preciado(s) en este ‘mundillo… Porque si así fuera, este contaminado fútbol mejoraría… al menos un poquito.

¡Felicidades, Manolín!

“Manolo estás presente, que tu Sporting sigue aquí. Hasta siempre, buen amigo, va por ti”. Pipo Prendes.

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