UN SALVADOR PARA LA MEDULAR

CRISTIAN SALVADOR

La zona más sensible del cuerpo y del campo. La base fundamental. El soporte que sostiene lo que se expresa. Lo esencial, que en este caso sí es visible para los ojos de algunos privilegiados. El eje sobre el que todo gira. El sol que guía al resto de estrellas que componen el sistema. Esto, todo esto y mucho más, es el centro del campo. Y el del Sporting pide a gritos un hombre capaz de asumir tal reto y que sea lo suficientemente válido como para que la sombra de Sergio Álvarez sume cuando esté y no se aprecie en sus ausencias. Muchos querrán buscar fuera, pero ‘el hombre’ que puede dar un pequeño paso para el Sporting pero un gran salto para sí mismo llegó hace dos años y nació en Zamora hace 23 años. Su nombre significa “el seguidor de Cristo” y, más allá de las creencias que uno pueda tener, está claro que su huella en la medular rojiblanca sería la de un auténtico (Cristian) Salvador.

La omnipresencia le describe. Uno sabe que es mediocentro, supuestamente defensivo, pero su actitud y su aptitud generan dudas para crear su definición. Sin embargo, no existe titubeo alguno a la hora de dictarle como uno de esos futbolistas que uno siempre quiere en su equipo, de los que luchan y se hacen sentir presentes y patentes sin perder el mimo al balón. Porque él jamás se olvida del balón: siempre sabe dónde está el esférico y dónde debe estar él. Parece tarea fácil, una que se presupone y que se exige, pero los que la muestran desde el minuto uno son los verdaderamente ‘diferentes’, los que tienen ese algo ‘esencial’ que al mismo tiempo es perceptible para pocos ojos. Esa característica que salva, que guía, que todos quieren y (per)siguen.

El zamorano se alía a la perfección con los mediocentros creativos (en el Sporting B tiene a la dupla mágica formada por Nacho Méndez y Pedro Díaz), algo que ayudaría en el primer equipo a que Rachid pueda ser él mismo en esencia, libertad y en la creación de juego y Sergio sienta cubierta su espalda para poder filtrar el ajeno y el propio. De esta manera la zaga se sentiría más segura y protegida y, el ataque, más voraz. Cristian defiende y ataca a partes iguales. Probablemente esta es la descripción de su perfil. Y, por si fuera poco, también tiene gol, ese ‘Dios supremo’ inherente al fútbol que todos buscan y pocos encuentran.

La posición que defiende requiere veteranía… y a sus 23 años la tiene, la muestra y la aparenta. No es fácil, pero curtirse en los campos de Tercera siempre suma. Pero sí lo es saber cuándo ha llegado el momento de sentarse en la mesa de los mayores… Y este es el suyo.

La médula espinal, según los entendidos en la materia, se encarga de retransmitir mensajes del cerebro al resto del cuerpo: llámenlo crear acción. De retransmitir mensajes captados a través de los mensajes sensoriales y enviarlos al cerebro: llámenlo intuición. Y de coordinar reflejos: llámenlo talento. Ojalá sea en enero cuando los ‘servicios médicos’ del primer equipo llamen para el trasplante… porque la medular del primer equipo pide a gritos la intervención de un Salvador.

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