LA METAMORFOSIS DEL SPORTING

Sporting de Gijón

De perro a león. De gato a pantera. De gusano a mariposa. De jilguero a águila. De club a EQUIPO. El Sporting ha vivido una metamorfosis, según la RAE “transformación de algo en otra cosa o mudanza que hace alguien o algo de un estado a otro”, con la claridad del sol al que aludía siempre Manolo Preciado y con la luz que desprendía y emitía Quini.

Sin embargo, lo mejor de dicha mudanza corporal y colectiva, es que no han abandonado ninguno de los estados anteriores. Han optado por guardar ‘lo mejor de cada casa’ y construirse un cuerpo y un hogar a su medida, a la de cada uno de los jugadores y del cuerpo técnico. Del perro mantiene la fidelidad, aunque se atreve a emitir el rugido del león cuando tocan a su cría -el balón-. Del gato se ha quedado con la astucia, que le permite optar por la mejor decisión en función del rival sin perder su esencia, aunque con la contundencia de la pantera. Del gusano se ha impregnado de la inocencia de los primeros minutos de vida, aunque ha aprendido a volar con madurez como una mariposa. Del jilguero ha tomado el canto para adaptarlo a cada tramo del partido, aunque con la voracidad y la rapidez del águila. Y, por último, de la etiqueta de club se han quedado con que son un conjunto de jugadores de diferentes sitios con ascendencia futbolera muy dispar, pero han encontrado precisamente en esas diferencias el mejor nexo para construir un equipo.

Y todo lo anterior, esa metamorfosis kafkiana que se ha fraguado desde que Rubén Baraja aterrizó en los campos de Mareo, se ha traducido en la afirmación cada vez más contundente de que el Sporting no solo está vivo, aunque muchos lo creímos muerto como candidato al ascenso, sino que va a pelear con orgullo, pasión y tradición por devolver a una ciudad a la categoría que realmente ostenta.

A lo largo de este curso -y no es que una esté melancólica, sino que ya estamos en primavera y, por tanto, el balón liguero va alejándose- la afición se ha mantenido en una posición distante ante el equipo. Incluso cuando ya estaba el técnico de Valladolid ocupando el banquillo. Y ha sido un desenlace tristela muerte de Quini la que re-unió a la familia sportinguista. Estoy plenamente segura de que, aquel día, todos -incluidos los jugadores- en nuestro interior entonamos un: “Lo haremos por ti”. Y en esa primera persona del plural se desvela el plan de todas y cada una de las partes de los reunidos en la mesa de El Molinón.

Después de esta racha victoriosa, solo se puede pensar en seguir sumando. Y aunque el ascenso sea una especie de Everest, todavía lejano, jugadores y afición han de desempolvar la ropa y las botas óptimas para escalar y la mente para saber que, pese a que sea una montaña, vendrán curvas. Dice Valdés en su libro Método V: “Tienes que regular tus expectativas. Puedes desear mucho algo, pero en este momento previo al momento crucial tienes que autoconvencerte de que en realidad no te hace falta, de que puedes vivir perfectamente con lo que tienes”. Y es verdad. No es algo que se necesite como el agua en plena sequía, como sí lo era en el Sporting de Los Guajes, pero es precisamente esa libertad la que puede generar una ausencia de presión que será clave en estos últimos meses.

Con la protección del león y la fidelidad del perro, con la astucia de los felinos, con el arte en vuelo de la mariposa y con la voracidad del águila… este Sporting aun tiene fauna en la que re-convertirse para transformarla en fútbol.

La gente busca la felicidad completa y hay que estar completamente loco pa’ no darse cuenta de que esto es arriba y abajo cuestión de aguante, lo bonito de reír es que has llorado antes. Si llueven golpes ponte los guantes. Si estás cansado de caer es porque ayer te levantaste. – Ambkor.

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