LA MAGIA DEL BRUJO

Quini

¿Creen en la magia? Si no lo hacen, deberían. Pero en la magia humana, no en la que esconde conejos en la chistera. Hablo de un tipo de magia que es capaz de unir a dos personas que a menudo se enfrentan; la que enamora por igual a múltiples generaciones; la que enseña y se reconoce en vida y deja legado en muerte; la que no necesita trucos porque es innata. Etcétera. Pero no está al alcance de todo cualquiera, solo es apta para los ‘elegidos’, que son pocos, y son ellos los que se encargan de distribuirla en sus respectivos entornos. Hay múltiples formas de hacer magia, la más reconocida y conocida es la varita, pero la auténtica, la más pura, es la que no requiere de objetos, sino de acciones y palabras.

Esa magia que hace que todo el universo, que no solo el mundo, del fútbol te rinda pleitesía en vida y llore tu muerte con sinceridad. Esa que, por momentos, consigue hermanar a aficiones rivales, dispares y lejanas. Esa que abandera y obsequia con la cercanía en un mundo plagado de pseudodioses. Esa que hace de la humildad el sacramento diario. Esa que hace que tus excompañeros sobre el verde alaben tu maestría con las botas puestas y tu bondad el resto del tiempo. Esa que no admite distancia(s) cuando se trata de agradecerte todo lo que has supuesto para la vida de alguien. Esa que permite que personas como Rubén García, a las que conocías desde hace pocos meses, eleven su emocionada mirada al cielo por poder dedicarte y brindarte un gol tras tu marcha terrenal. Esa que genera una huella imborrable en el alma de todo aquel que te haya conocido como futbolista y como persona. Esa que convierte la resiliencia en el más importante de los trucos. Esa que hace reír llorando cuando recordamos alguna de tus bromas. Esa magia innata, única y exclusiva de personas como Enrique Castro.

Esa es la magia (roji)blanca. Es la magia de Quini. Es la magia de (nuestro) Brujo.

El pasado domingo cuando el equipo se unió en la celebración del gol con el índice y los ojos señalando hacia el cielo, ese día, lo difícil era no celebrar el gol. Independientemente del equipo que profeses. Porque hay cosas, situaciones y personas que se escapan a la razón… y Quini era una de ellas. Único en su especie, una especie en extinción tan real como la vida. Allá donde estés, todo lo que hagamos, va por ti. En el nombre de Quini… Amén.

Written By
More from Paula Martín

Laureano Ruiz: “NO ME RESULTÓ DIFÍCIL ENTRENAR CON 15 AÑOS”

Hoy hablamos con Laureano Ruiz, un auténtico sabio del fútbol, un experto...
Read More

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *