QUIQUE SETIÉN: “SIGO SINTIÉNDOME FUTBOLISTA”

QUIQUE SETIÉN
Foto: EL PAÍS

Le gustaría ser futbolista eternamente. No puede vivir despegado del balón. Remarca la importancia de que cada uno es responsable de sus aciertos, pero también de sus errores. Anhela la época en la que el Racing estaba en manos de gente que quería al club. Siempre admiró y quiso a Manolo Preciado… Y respeta con cariño el gran trabajo de su amigo Abelardo. Está haciendo un trabajo brillante en la UD Las Palmas, previo paso por el Lugo, que tanta alegría dio en Gijón. Él es Quique Setién.

[Entrevista publicada en la edición en papel de La magia del Brujo de 2016].

¿Cuándo se enamoró del fútbol?

Creo que nací enamorado. Desde que recuerdo, he estado siempre jugando al fútbol… Es una pasión. Siempre he estado vinculado a él y ha sido mi vida en todos los sentidos. Es vocacional lo mío.

¿Qué significa para alguien de Santander debutar, jugar y entrenar al Racing?

Lo mismo que para alguien que nazca en Gijón [ríe]. Desde pequeño fui a ver al Racing y sentí las emociones que provoca, así que el poder jugar y entrenar allí después, fue un privilegio y una satisfacción enorme para mí. Fue un sueño cumplido.

¿Y cómo vive la situación que atraviesa desde hace unos años?

Con mucho pesar porque a nadie le gusta ver a su equipo en esta situación; que sea manejado por alguien que sabes que no le quiere y que tiene otros intereses diferentes a los que tenemos los que sí le queremos, hace que sea una situación triste. Pero es lo que hay. Tenemos que intentar arreglarlo para que el club no vuelva a caer en manos de gente que no le merece, así como tratar de recuperar el prestigio que tiene por su historia.

Probablemente, Manolo Preciado secundaría tus palabras. ¿Qué significó para usted?

Jugué con él, le nombré entrenador del Racing y fui su amigo durante muchísimos años.

Es una de esas personas que deberían multiplicarse en el fútbol, ¿no?

Era una persona entrañable, querida por todos. Y un entrenador que sobre todo en vuestra tierra dejó un legado extraordinario que ha llegado a superar lo puramente futbolístico.

Precisamente él fue el encargado de devolver la ilusión a la afición del Sporting a su llegada. Se puede establecer un paralelismo con la tuya a Lugo. ¿Cómo vivió aquella etapa?

Esa etapa estuvo francamente bien. El Lugo es un equipo que funciona muy bien a nivel institucional, administrativo… es un club muy serio, responsable, con las ideas muy claras. Poco a poco nos fuimos consolidando en la categoría de plata, porque antes solo había estado un año en toda su historia. Fue una etapa maravillosa… Ha sido una de las mejores que he vivido en mi etapa futbolística.

Después del Lugo llegó la oportunidad de la UD Las Palmas. ¿Cómo afronta este reto tan bonito?

Con la misma ilusión que hago las cosas siempre. A mí me gusta el fútbol, creo que al final el lugar es lo de menos, tu comportamiento y tu entusiasmo no tiene que ver nada con el sitio, sino con tu forma de ser, con la manera de trabajar, tus ideas… Ahora en Las Palmas se han dado unas circunstancias muy buenas que han permitido que el club, el equipo y yo mismo hayamos crecido y madurado. Debemos intentar mantener lo que hemos conseguido, transmitir poco a poco los conocimientos que puedas tener a los jugadores y a ver si el fútbol, que a veces es muy caprichoso, te permite seguir progresando y ganando.

Una de las señas de identidad de Las Palmas es el uso de la cantera. ¿Debería instaurarse esta opción frente a la compra de jugadores en la mayoría de los clubes?

Hay muchos clubes que hablan de cantera, pero realmente no lo son. La realidad es que las canteras solamente funcionan cuando no hay recursos económicos, las apuestas reales de los clubes por las canteras son bastante menos de las que se proclaman. Es cierto que los chavales acaban mejorando, pasando la barrera del filial al primer equipo, pero en menor medida de lo que debería ser. Esto, a la larga, le da un cierto status a un equipo, porque cuando un jugador defiende al equipo de su tierra, esto le da un cierto plus a ese club, porque hay un compromiso, entusiasmo y dedicación que a veces en otros sitios no transmiten.

¿Es la cantera ese halo de conexión entre el anhelado fútbol de antes frente al actual, que parece que importa más la cartera?

La realidad es que el público demanda resultados y muchas veces los clubes se ven obligados a fichar a jugadores que están consagrados frente a otros que pueden estarlo en unos años. Desde la grada hay muy poca paciencia con los chavales, sobre todo porque al final a la inmensa mayoría de los aficionados lo que le interesa es ganar, no es la cantera. Sí que es verdad que cuando salen y son buenos lo valoran y lo reclaman mucho, pero si el equipo gana, si no es así, son muy críticos. Creo, por tanto, que a veces no se le puede echar toda la culpa a los clubes y a los directivos porque la realidad es que desde la grada se exige resultados y no se tiene paciencia.

¿Es esa falta de paciencia lo que hace que los clubes se vean obligados a hacer proyectos a corto plazo en los que la cantera apenas tiene sitio?

Naturalmente. La realidad es que tú le planteas a un aficionado qué prefiere y te dirá que resultados antes que pruebas con la cantera. Y a lo mejor para que salga un chaval bueno tienes que perder a veinte y a veces no lo sabes porque maduran cuando les toca, no es una ciencia exacta. A veces apuestas por unos que no salen bien y otros que se te escapan, pero la realidad es que la exigencia a veces es tan grande que, para evitar el grito de la grada, eliges a jugadores más hechos.

Desde hace unos años desempeña el papel de entrenador. ¿Disfruta más entrenando o jugando?

Indiscutiblemente jugando. Todavía me siento jugador. Si ahora, a pesar de los años, no tuviera la oportunidad de disputar un rondo con los jugadores, me dedicaría a otra cosa. El fútbol me encanta y soy entrenador porque es la única manera que me permite seguir disfrutando de él a pesar de los años [ríe]. Me gustaría no haberme retirado nunca [ríe]. Sigo teniendo el mismo miedo a las lesiones porque me quitarían el poder jugar… Uno nace y muere futbolista. En mi caso desde luego que sí. Incluso aunque estuviera en silla de ruedas, querría chutar un balón. Esa ha sido mi vida. Ahora estoy haciendo un campo con niños, porque es lo que me gusta: verles jugar, estar en contacto con ellos, mostrarles las cosas, tratar de enseñarles y corregirles. Esta es la mayor satisfacción que uno puede tener: estar cerca del balón y de los jugadores.

¿Qué posición o zona de juego cree que debe estar perfecto a la hora de jugar?

Todas las posiciones y los jugadores del equipo son importante. Es como un fórmula uno: si le pones la rueda de un 600 a un fórmula uno, el coche ya no rodaría igual y tienes más riesgo de accidente. Todo suma e importa. Cualquier pieza que no sea como debe ser hará que a ese equipo le cueste ser bueno de verdad. El centro del campo sí que es una parte importante, es por donde más veces pasa el balón, los que lo protegen son los que más tiempo tienen el balón junto a los centrales y siempre que tengan el balón los mejores, este saldrá de sus pies mejorado. Ahí está la importancia de entender el fútbol, de tener la inteligencia y la capacidad que tengan, porque es lo que marca las diferencias y produce el desequilibrio.

Si pudiera elegir un once sin importar la época de cada uno, ¿cuál sería?

Hay muchos jugadores que me han gustado muchísimo, pero está claro que me iría a los mejores. En la portería, ha habido muchos muy buenos, pero creo que me quedo con Vítor Damas, que le tuve en el Racing, tenía muchísima calidad y técnica, me marcó mucho su manera de ser, de parar. Y después pon a los mejores: desde Maradona hasta Cruyff; a Pelé; Beckenbauer, que me encantaba; a Messi, por ejemplo… A muchos jugadores.

¿Qué le ha dado y qué le ha quitado el fútbol?

Me ha dado todo lo que tengo, lo que soy… se lo debo al fútbol. Y el resto se lo debe a mis padres. Uno no está realmente satisfecho de cómo es, pero no me quejo. No me ha quitado absolutamente nada, he tenido momentos extraordinarios y otros menos buenos, pero creo que esto es parte de la vida, que no siempre le va bien. La conclusión siempre fue positiva y si volviera a nacer sería futbolista otra vez.

Su Lugo se convirtió en un equipo adorado en Gijón. ¿Le molestó que se dudara de la profesionalidad de sus jugadores e incluso de la suya?

Suele pasar. Llevo muchos años y que hay que entender los momentos de frustración. Para muchos jugadores y técnicos del Girona la oportunidad que tuvieron aquel día creían que no la volverían a tener, aunque sí ha sido así. Creo que pasado el tiempo, uno se da cuenta de que es responsable de lo que te pase, que no le puedes echar la culpa a los demás. Y esto sirve tanto si asciendes como si desciendes, en una temporada tan larga como la que tiene el fútbol, los méritos y deméritos son tuyos. No me sentí culpable de nada; hice lo que tenía que hacer, que era tratar de ganar el partido, como he hecho siempre. Entendí la situación de frustración que vivieron en Girona, pero sin más.

¿Recibió alguna llamada para entrenar al Sporting en algún momento de tu carrera?

No, no. Jamás. Tengo allí a un amigo, Abelardo, que lo está haciendo francamente bien en unas circunstancias extraordinariamente difíciles. Se ha ganado el derecho a estar ahí y ojalá que esté muchos años más.

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