PICHU CUÉLLAR: “VOLVERÉ”

Pichu Cuéllar

Pichu Cuéllar es carácter, sinceridad, corazón y talento dentro y fuera del campo. Un hombre de casi 1,90 que se emociona sin ocultarlo al hablar de unos compañeros a los que considera familia y con los que vivió algo “apoteósico e increíble”. Y un emeritense que ve en Gijón “su destino”. Es un guardián con guantes de oro (roji)blanco.

¿Por qué fútbol? ¿Y por qué portero?

Llevaba el fútbol en la sangre. Y elegí ser portero por mi padre realmente. Fue el que me inculcó la faceta de ser portero. Él también lo fue en su época, aunque en menor categoría.

¿Cuánto hay de verdad en que un portero ha de ser diferente al resto mentalmente?

Sí es cierto. La perspectiva del portero no la tiene ningún otro jugador en el campo: es el que mejor ve los movimientos tácticos del equipo, se suele responsabilizar de ellos y está en comunicación constante con todas las líneas de juego con tal de que todo esté en orden y sobre todo de ayudar. Tienes una responsabilidad mayor y esto te hace ser de otra pasta. Y es lógico también, no lo he inventado yo [ríe]: somos los que vestimos diferente dentro del mismo equipo, llevamos guantes, podemos coger el balón con la mano, etc. Son una serie de matices que ya de por sí te hacen sentirte diferente a los demás.

Uno de sus porteros favoritos es Valdés, ¿por qué se fijaba en él?

Porteros hay muchos, pero en la época buena que he vivido me puedo quedar con Valdés, incluso Cañizares. Al final, te fijas en las características que resaltan de cada uno para intentar entrenarlas y, aunque no suplantarlas, sí intentas copiar de los mejores. Valdés me gustaba porque tenía algo que es muy difícil, igual que Cañizares, que es el blocaje. Además, fue el principal iniciador del juego con los pies de los porteros en España. Con él se vislumbró cómo debía ser el portero moderno: parte básica de la iniciación del juego.

Él sufrió la lesión más grave de su carrera en el mejor momento de la misma. Usted también vivió lesiones graves, ¿cuál fue su muleta para recuperar el nivel o incluso mejorarlo?

Mi familia. Los seres queridos son los que realmente te apoyan y nunca te dan la espalda. Sin ellos no hubiera llegado donde estoy y cuando hay algo que interfiere en tu camino en forma de obstáculo o algo que te frena, luchas no solo por ti y esos años que llevabas ya de entrega, sino por todo aquel trabajo a la sombra que habían hecho tus seres queridos para que tú estés ahí. Te sientes en deuda con ellos y esto te da muchísima más fuerza y coraje para hacer frente a los obstáculos que aparezcan en el camino.

Y hablando de miedo… ¿Sintió miedo alguna vez bajo los palos? Supongo que tras las lesiones, uno regresa más inseguro.

Creo sinceramente que quien diga que nunca ha tenido miedo, miente. Todos tenemos miedos a diferentes escalas y por diferentes motivos. Siempre existe algún tipo de miedo y un respeto a diferentes cosas. Cada uno tiene los suyos, pero la mejor manera de hacerles frente es mirándoles a los ojos.

Valdés cree que el miedo a fallar es lo que te hace no hacerlo.

Sí, al menos te hace respetar lo que estás haciendo y darle valor. Eres consciente de que tienes puestas en ti muchas miradas y de que estás en el ojo del huracán. Sobre todo también te das cuenta de que tienes una responsabilidad y sabes a lo que te atienes. Hay mucha gente detrás de ti y eres un ejemplo a seguir.

¿Y cómo afrontaba su acierto o error durante un partido? ¿Le daba valor más allá del que pueda tener ese matiz individual?

No, esto entra dentro de la psicología deportiva, algo que se entrena también. Hay gente que lo hace y gente que no, pero está ahí. Yo lo he entrenado, practicado y estudiado. Creo que con la práctica uno también crece y se forma y está dentro de ti. Hay que aprender de los mejores y recuerdo que varios entrenadores de porteros me dijeron que lo único que te puede conllevar recordar un error es a cometer otro. No es bueno para uno mismo ni para el grupo. Por tanto, aunque sé que es muy difícil poder salvar ese fallo, lo mejor que puedes hacer es poner un punto y seguido y dejarlo a un lado. Es el mayor beneficio que puedes dar a tu trabajo y al de los demás. Es complicado poder trabajarlo, ponerlo en práctica… pero yo lo he hecho y te puedo decir que es así.

¿Cómo lo entrena: lo habla con el preparador de porteros, con un psicólogo, usted por su cuenta…?

Es un poco de todo. Forma parte del carácter y de la personalidad de uno mismo, de aprender día a día, de lo que ha pasado en tu vida y en tu carrera sobre todo, también de observar a los demás y de formarte. Hablo de formarse porque personalmente tengo un título de psicología deportiva. Me decanté por ello porque me dedico a esto. Existen circunstancias que se dan y que se pueden remediar con algunas de las técnicas que he estudiado.

A un portero se le exige parar, volar, transmitir seguridad y tenerla, pero también carácter. A usted se le ha echado en cara un exceso de esto último a veces, ¿desde fuera lo veía así? ¿Cómo cree que debe ser el portero en el terreno de juego?

No te puedo hablar de cómo debe ser un portero, pero lo que te puedo decir es que en esta vida no solo existen futbolistas, sino que en cualquier producto, servicio o cualquier cosa que está al alcance del ser humano, para gustos están los colores se suele decir. Y todo está relacionado. Cada uno tiene una perspectiva de cada cosa. Quizá a uno le guste un portero con una serie de condicionantes y características y a otros totalmente lo contrario. No creo que todos estemos de acuerdo. Yo soy como soy y creo que me ha ido bien en todos los sentidos. Seguiré siendo así, porque tengo una seña de identidad y no la voy a cambiar. También me sirven de referencia los que tengo alrededor, que son mis compañeros, y son los que me dan vida y los que me conocen realmente. Saben cómo soy y lo que puedo dar. Siempre me contento con lo que me dicen, así que no creo que haga tantas cosas malas ni que sea tan malo… [Ríe].

En el plano deportivo: se formó en el Mérida, creció en el Atleti, renació en el Eibar y brilló en el Sporting… ¿Está de acuerdo?

No del todo. Creo que en el Mérida recibí una educación deportiva, en el Atleti me formé, en el Eibar fue el crecimiento y en el Sporting lo he logrado todo. Todas las sensaciones que podía tener las he conseguido en Gijón. He brillado, me he seguido formando, he crecido, he tenido éxito, he tenido de todo, todo lo que puede tener un profesional. Por ello considero que el Sporting es mi casa. Me ha llenado, me ha ganado… Solo tengo palabras de elogio hacia la ciudad, hacia los colores, hacia todo. Allá donde esté, no voy a engañar a nadie, seguiré siendo un sportinguista más y volveré. Es lo que puedo decir. No sé cuándo, pero volveré porque me ha ganado en todos los sentidos: la ciudad, la gente, la forma de vivir… todo. Creo que es mi destino.

Le iba a preguntar si tenía alguna cuenta pendiente con alguno de los clubes, pero creo que ya me ha contestado…

[Ríe]. Eso es.

Precisamente en el Sporting ha vivido dos años espectaculares en el plano colectivo e individual. Ganó el Zamora como muestra del trabajo bien hecho. ¿Cómo saboreó esa temporada de ensueño?

Han sido dos temporadas increíbles, pero ese año fue apoteósico. Creo que no podría, por mucho que quiera, explicarlo bien. Era impensable, conseguimos algo histórico en un club tan grande como es el Sporting y entramos en su historia, que eso son palabras mayores. Me siento muy satisfecho de haberlo logrado con el grupo que lo hicimos. Precisamente éramos un equipo que pasaba unos momentos muy delicados, sin poder fichar, más de cinco meses sin cobrar… Los chavales jamás pusieron una pega, estuvimos más unidos que nunca, no hubo quejas, no hubo palabras más altas… solo una predisposición y un trabajo admirable. Todos los adjetivos que te puede decir se resumen en que es algo que le gustaría vivir a cualquier entrenador hoy en día. Era gente joven, con ganas de crecer, con ganas de demostrar… y que obtuvo lo que se mereció. Nos costó muchísimo. Es algo inolvidable, siempre perdurará en mi memoria. No se me olvidará nunca haber podido pertenecer a ese equipo. De hecho, hoy en día mantenemos el contacto todos. La situación nos hizo valorar a las personas que velan por tu interés y que están ahí cuando más lo necesitas.

Tanto Isma López como Alberto Lora me lo resumieron en una palabra: familia. ¿Está de acuerdo?

Sí, familia… ¡Es familia! Básicamente es eso. Es lo que te comentaba antes: cuando vienen momentos malos te escudas en la familia porque te lo dan todo, porque a pesar de que lleguen obstáculos o malos momentos, siempre están ellos. Fue un momento muy delicado en el club y los que más lo soportamos fuimos los jugado- res y en vez de mermarnos, nos unió. Me uno también a la descripción de estos dos fenómenos [ríe].

¿Cree que el error fue no mantener el bloque? De hecho, usted pidió públicamente que se mantuviera para crear un proyecto a largo plazo.

Sí, es que no se puede decir mejor. Más alto sí, pero mejor no. Si en ese momento lo dije, ahora lo repito. El mayor error que se cometió fue que el bloque se desunió. Y cuando se desune la familia…

¿Lo desunieron más bien?

Es una toma de decisiones. Lo puedes aceptar o no. Las decisiones se toman intentando mejorar, pero cuando hay alguien que quiere lo mejor para el equipo y para el club, que lo vive desde dentro, tan dentro como son los propios jugadores con mayor experiencia, de vez en cuando hay que saber escuchar.

Cuando se confirmó el descenso y miró a los compañeros con los que años atrás había llorado de alegría, ¿qué sintió?

Decepción. Y la necesidad de reivindicar un poco más allá lo que pensábamos.

Se confirmó lo que dijo.

Sí, desgraciadamente sí. No es una excusa, simplemente es algo que se denunció en su momento. Creo que son tomas de decisiones que se tienen que dar y se puede acertar o no, se entiende que es para mejorar. No es una crítica. Pero uno vive las cosas de dentro y cuando alza la voz, hace un comentario o una percepción sobre algo que para él es importante es porque le está dando valor a algo que fue positivo tanto para el equipo como para el club. Creo que defendíamos lo más correcto.

¿Le hubiera gustado seguir vestido de rojiblanco?

[No deja que finalice la pregunta]. Sí, sin duda alguna.

Y ahora… ¿cómo se plantea este reto de empezar de cero?

De vez en cuando hay una serie de connotaciones en la vida en las que uno está en un área de confort en la que vive y le gusta vivir. Muchas veces no afrontamos la posibilidad de retos, preguntas sin contestar, etc, precisamente porque no sales de ese área. Y yo la he roto por el ámbito profesional. Fue una decisión mera- mente profesional. Lo dije en mi despedida: los futbolistas no duramos toda la vida y hay un momento en el que, muy jóvenes en la vida cotidiana, tenemos un límite. Me costó mucho tomar la decisión, de verdad. Pero no quise engañarme y fui sincero conmigo mismo. La ilusión que tenía de pequeño era estar al máximo nivel durante el mayor tiempo posible, que es lo más complicado y lo que uno siempre quiere. Creo que también tengo que ser sincero y en mi equipo, el Sporting, intenté dar lo máximo en todos los sentidos. Me vacié. Me vacié tanto que no pude dar más de lo que di… Y llegó un momento en el que se juntó una cosa con otra y tenía que tomar una decisión. Todavía hoy me cuesta adaptarme a algo que no sea estar allí, entiendo que será cuestión de tiempo. Pero también te digo que lo único que sigo persiguiendo ahora mismo es el sueño que tenía de niño, porque si siguiera con el sueño que he tenido de mayor, seguiría vistiendo de rojiblanco.

 

Hablaba de la edad del futbolista, pero realmente está en la edad idónea de un portero para nuevos retos, ¿no?

Sinceramente, lo que realmente creo es que cada vez queda menos [ríe]. Y por ello intentas agarrarte y aferrarte a la cumbre de la montaña, no quieres bajarte de ella porque te ha costado muchísimo poder llegar y conseguir un respeto en este mundo tan difícil que es el fútbol. La decisión de irme fue precisamente por esto. Quise aferrarme y mantenerme en la máxima categoría e intentar estar al mejor nivel. Sé que ahora me tocará trabajar muy duro para poder seguir haciéndolo. Y soy consciente de que estoy en un club que es súper humilde y que tiene unas características que llevarán a pelear una vez más por mantener la categoría.

¿Y ha pensado qué hará cuando tenga que colgar los guantes? Me hablaba de psicología deportiva antes, ¿irá por ahí?

No te puedo contestar a esto porque pienso en el día a día. Sinceramente. Cuando creces y te haces adulto y vislumbras las dificultades de la vida, le das mucho más valor a estar vivo, levantarte y poder sonreír. Hay tantas cosas malas en esta vida, pero también tienes muchísimas más buenas para poder sonreír. Creo que somos unos privilegiados en todos los sentidos y esto es lo que me hace levantarme y disfrutar con lo que hago al máximo. Es lo único que pretendo a día de hoy. Y en cuanto al mañana: por mis características y por lo que he visto a lo largo de estos años con los equipos, me refiero a los distintos compañeros en el mismo club, es ayudar. Me gusta ayudar y creo que no se me da mal. Y lo hago en un vínculo deportivo. No descarto seguir aferrado al deporte que llevo en la sangre desde pequeño, que mejor se me da y que más conozco. Creo que hay otra connotación importante en él y es el poder ayudar al ser humano y esto me encanta. Me siento muy satisfecho y muy realizado.

Nunca he acabado así una entrevista… pero, ¿qué pregunta le gustaría responder para finalizar o qué le gustaría decir sabiendo quiénes serán los que lo lean?

[Pasa un tiempo y resopla…] ¡Joder! Qué complicado… [ríe y sigue pensando durante varios segundos]

¿Le ayudo? Usted dijo que volvería…

Precisamente era lo que estaba pensando [ríe]. ¡Te digo de verdad que era lo que estaba pensando! [Ríe]. Sí, quiero que sea así: volveré.

 

*Entrevista realizada para #LamagiadelBrujopapel2 [mayo, 2017]. 

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