NACHO CASES: “ME DA NOSTALGIA HABLAR DE LOS GUAJES”

Nacho Cases

Nacho Cases siempre soñó con ser titular en el Sporting de Gijón y lo consiguió. Su sportinguismo, puro y real, todavía hace que se le ponga el vello de punta al hablar de Los Guajes. Nachín, dice, le seguiría dando las gracias a Preciado siempre. Hay jugadores que son el Sporting personificado y él es un ejemplo… Cases construyó castillos y reinó en la medular rojiblanca durante años. Ahora juega en Chipre, es feliz y sigue pendiente del que siempre será el equipo de su corazón. 

¿Por qué fútbol?

Creo que por tradición familiar, porque mi padre jugó. Le vi en el Veriña. Lo dejó cuando yo todavía era muy pequeño, pero creo que todo viene de verle jugar a él.

¿Encuentra en el fútbol la manera de transmitir algunos mensajes? Es en cierta manera un lenguaje universal.

Sí, pero creo que hay mucha más gente en la sociedad más importante que los futbolistas para transmitir mensajes. Es verdad que la universalidad del fútbol puede hacer que llegue a más gente, pero si las cosas fueran bien los médicos o los profesores deberían ser más escuchados.

¿Cuánta importancia han tenido sus padres en su vida profesional? ¿Seguirá ese ejemplo con su hijo?

Siempre agradeceré a mis padres que nunca me presionaran para jugar al fútbol, nunca se pusieran a gritar detrás de la portería… Ellos estaban callados viendo el partido [ríe]. Pero mi padre sí que me corregía después alguna cosa, no porque creyésemos que fuese a ser profesional, sino porque como él jugó al fútbol, quería que yo mejorara y me sintiera mejor dentro del campo.

Cada vez se está perdiendo más ese respeto en el fútbol base, los padres a menudo se sienten entrenadores. Y quizá hacen que sus hijos ya no solo se pierdan como futbolistas, sino como niños que disfrutan del fútbol.

Sí… Da vergüenza ver determinadas cosas en partidos de fútbol de chavales. Y seguramente nos enteramos de pocas, porque solo conocemos las que salen en los medios, pero estoy seguro de que hay muchas más. Creo que es un reflejo de la sociedad: querer que nuestros hijos sean algo que quizá no quieren. Y también que algunos intentan cumplir sus sueños a través de sus hijos. Pero sí te puedo decir, y espero confirmártelo en unos años, que no voy a meter a jugar al fútbol a Nicolás [su hijo]. Él hará lo que quiera. Seguro. Y por supuesto no daré voces en ningún sitio [ríe].

Si hay una frase que le define es “menos maleta y más mochila”. Después de la paternidad, que imagino que será lo más bonito que le ha pasado, ¿esas experiencias viajeras son lo más bonito para usted?

Sin duda. Además de mi hijo y de otras situaciones familiares que también han sido buenas, lo que más he disfrutado en la vida han sido esos viajes con mi mujer, con mis amigos o incluso solo. Poder conocer cosas de este mundo tan grande que tenemos y tan desconocidas… Hay cosas que nos venden los periódicos o las televisiones que luego estás allí y no son así. Poder vivirlas de cerca y saber que hay gente buena en todos los sitios, que siempre hay algo bonito que ver… Me gusta mucho viajar y me gusta hacerlo de determinada forma.

Creo que uno de los viajes que más le marcó es el que hizo solo a Cuba cuando aun era muy joven.

Sí, creo que es el que más he mencionado [ríe]. Para mí fue importante porque era joven y era la primera vez que yo salía solo a un sitio lejano. Fue todo genial y es uno de mis viajes favoritos. Pero luego pienso y me doy cuenta de que otra gente también se tiene que ir sola y muy joven por otros aspectos de la vida, laborales o de otro tipo. A mí se me reconoce, pero creo que hay gente que podría hablar con mucho más conocimiento que yo, que ha vivido situaciones mucho más difíciles, que se ha tenido que ir no por visitar un país sino por necesidades. Quizá esa gente tenga mucho más que contar que yo.

En su casa se ha vivido mucho el carácter minero, ¿lo ha intentado plasmar sobre el césped también?

[Ríe]. Pienso como mi padre en determinados aspectos, pero creo que no. Una cosa es el fútbol y otra lo que ha hecho o en lo que ha trabajado tu familia, aunque te pueda llenar su voluntad y sus ganas de sacar adelante su casa. Es diferente. Pero sí que es cierto que me parezco a mi padre a la hora de jugar al fútbol.

Siempre soñó con jugar en el Sporting, pero, ¿cómo vivió cuando llegó el debut, pisó El Molinón y ya se convirtió en profesional con todas las de la ley?

Lo ves cumplido, pero no pensaba que fuera a durar tantísimo. Uno sabe que hay gente que juega algunos partidos y desgraciadamente desaparece del Sporting, se va a otros clubes, no triunfa o sí, pero no allí. Es muy difícil estar tantos años, hay casos como Canella o Lora, pero cada vez es más complicado. Los mejores recuerdos que tengo son los primeros sin duda. La primera temporada en Primera División, los primeros partidos en El Molinón, la ilusión… Yo había luchado por ello y lo estaba consiguiendo.

Quizá marcarse esa meta a corto plazo le hizo mantenerse tantos años en el primer equipo, ¿no?

No creo que nadie lo piense cuando debuta. Solo quieres vivir ese momento, vivir la ocasión que se te plantea y que soñaste toda la vida, intentar disfrutarla al máximo y que se alargue lo máximo posible. Pero no piensas en temporadas, piensas en partidos: que me vuelva a llamar el entrenador, la posibilidad de jugar de titular, que la siguiente temporada pueda seguir… Pero a partir de ahí no piensas más. Al final son una serie de circunstancias las que te llevan a estar tantos años en un mismo equipo.

¿El futbolista deja de soñar?

Yo seguí jugando los máximos partidos posibles, conseguir los objetivos que se planteaban en el día a día y sobre todo disfrutar cada momento como si fuera el último con la ilusión del principio. Guardaba todas las fotos, todo lo que podía, para después de muchos años poder mirarlo. Era la ilusión de ser un chaval y ver tu sueño cumplido.

Tiene dos padres futbolísticos bastante claros [Vidales y Preciado]. El más desconocido es Vidales… ¿Cree que se está perdiendo a los formadores como él, que miman al futbolista, que se fijan en los detalles, que cuidan la clase…?

La labor formativa que realiza Vidales, y te hablo en primera persona, no se la he visto a nadie mejor que a él. Creo que sería muy feliz en el Sporting y el Sporting con su metodología y su forma de trabajar. Pero también lo veo como un primer entrenador de un equipo profesional. Tiene el carácter y la sabiduría suficiente para coger un equipo y hacerlo bien.

¿Y, si pudiera, qué le diría a Preciado?

[Resopla]. Le daría las gracias una vez más. Creo que no son suficientes para la persona que confía en ti y que te da la oportunidad de vivir algo tan bonito. Es de bien nacido ser agradecido y le daría las gracias una vez más y las veces que haga falta. Pero no puede ser…

Pese a que se formó en Mareo, creo que se curtió más en las playas de Cabo de Palos… ¿Cree que el papel del niño que disfruta jugando al fútbol en la calle se está perdiendo y que se está profesionalizando demasiado el fútbol base?

[Ríe]. Precisamente estuve viendo un documental de un exfutbolista el otro día y dijo que al acercarse a su calle vio muchos carteles que ponían “prohibido jugar a la pelota”. Creo que ahora ya no se ve a tanta gente jugar, molesta. Al final, es lo que te decía, la sociedad cambia y cambia en todo. Jugar en la calle es lo que ha llevado a jugadores por ejemplo brasileños o argentinos a tener esa picardía, esa capacidad para desenvolverse en situaciones complicadas… Eso nace de jugar en la calle y constantemente en cualquier sitio. Y esto se está perdiendo en determinados países.

Al final es lo que marca la diferencia entre un futbolista que es reconocido por su clase y valía y un futbolista que puede ser muy bueno, pero es uno más.

Sí, sin duda. Ahora se valora más una presencia física, los kilómetros que recorren… y no se dan cuenta de otras cosas que quizá sean la esencia del fútbol y de los detalles que hacen verdaderamente diferente a un futbolista. Hay expresiones como “echarle huevos” [se disculpa por la expresión]; la palabra ‘competir’, que le da un significado que hace al fútbol mucho más plano de lo que debería ser. Es mi opinión. Para mí, un jugador que hace algo distinto aunque que no corra 20 km me gusta mucho más.

Eso es el fútbol al final. Fútbol pueden ser muchas cosas, pero ese es el bueno.

Se necesita de todo. Pero muchas veces se prima mucho más el fútbol atleta que el fútbol de barrio y de calle.

Y volviendo a su debut: ¿qué cree que fue el detonante que provocó la llamada de Preciado?

Creo que los partidos que hacíamos contra el primer equipo, cuando yo jugaba en el Sporting B y lo entrenaba Vidales. Tuve la suerte de hacer buenos entrenamientos y partidos y Manolo le preguntó a Javi [Vidales] y le dio buena referencia. Después entrené con ellos, debuté y empecé a entrenar con ellos. Por aquel entonces también jugamos otro partido contra el filial y marqué un gol, cosa rara en mí [ríe]. Creo que es estar en la estación adecuada y coger el tren. Si no hubiera hecho aquellos entrenamientos, quizá hoy estaríamos hablando de otra cosa. A lo mejor no estaba ni jugando al fútbol profesional. O sí. Nunca se sabe. Pero el fútbol es así: estar ahí y cuando estás, hacerlo bien.

¿Tomó la alternativa el partido ante el Real Madrid en el Bernabéu?

[Ríe]. Sí… [piensa]. Sí. Creo que por lo que conlleva ganar al Madrid, sí. Ya sabemos de la rivalidad desde hace muchos años. A mí me gustó más esa victoria que muchas otras que he vivido en el fútbol. Creo que fue algo memorable y espero que dentro de algunos años podamos volver a épocas buenas, cuando el Sporting estaba ahí con el Real Madrid. Pero con paciencia. Somos un club que podemos crecer y volver a Primera y hacerlo bien. Pero ya metí el futuro… ¡Y no me gusta hablar de futuro! [Ríe].

¿Le hubiera gustado disfrutar más a Preciado como entrenador?

Por supuesto. Creo que lo que le ha dado al club [resopla] se demuestra no solo con la estatua, que para mí ya es un icono de lo que puede significar para la afición del Sporting, sino porque todo el mundo le recuerda con cariño tanto en su faceta de entrenador como en la humana. Manolo siempre será una página muy importante en la historia del Sporting.

¿Le dolió su marcha? ¿Cree que habría sido mejor aguantar con él?

Nunca se sabe, pero yo a Manolo lo habría tenido siempre. Sé cómo era desde dentro y lo que podíamos dar. Es cierto que, en aquella época, la clave era la segunda vuelta tanto a nivel físico como por la capacidad de ganar los partidos en casa. Salíamos a El Molinón con un subidón tremendo y con la seguridad de que íbamos a ganar. Esto lo transmitía Manolo.

Una vez asumido el descenso, ¿se lo tomó como una oportunidad personal? En esas situaciones es cuando más se cuenta con los jugadores formados en casa.

Prefería jugar en Primera, pero el fútbol es así. Recuerdo que no fue un año demasiado bueno, pero prefería haber jugado en Primera y no haber bajado nunca a Segunda, aunque sirve para foguearte, saber lo que significa un cambio de categoría y darle la importancia que merece a estar en Primera para no bajar a Segunda, porque es muy dura. Este año el Sporting lo verá. Los jugadores que están ahí se darán cuenta de que no será un camino de rosas, pero veo que está la euforia un poco alta… La Segunda es muy dura. La gente dirá que acabamos de descender, pero no es igual. Creo que los jugadores, sobre todo los que llevan más tiempo, saben que tienen que cambiar el chip.

Al final ese descenso supuso que tres años después se viviera algo increíble. ¿Cómo vivió ‘el Sporting de Los Guajes’?

Fueron las mejores temporadas junto a la primera. La mayoría éramos chavales de la casa y muchos de ellos no tenían experiencia y logramos un hito muy grande que creo que quedará enmarcado para todos los que pertenecimos a ese equipo, tanto jugadores como cuerpo técnico.

¿Al equipo le molestó que se le denominara milagro? Al final demuestra que no había confianza en ese grupo.

A principio de temporada lo que se decía era que íbamos a sufrir y a pasarlo mal en determinados momentos. Con trabajo y con una humildad tremenda, porque daba igual que fuéramos ganando, empatando, el récord, etc, el equipo no se salió nunca de la línea marcada desde el principio: estar todos juntos. Y se sacó con 82 puntos. Poca gente creía en nosotros.

El año pasado Lora e Isma y ahora Cuéllar me dijeron que erais y sois ‘familia’, ¿lo com- partes?

Sí. Familia, amistad, humildad… Lo éramos. Se me ponen los pelos de punta al recordar lo bien que lo pasamos, lo bien que nos llevábamos fuera del campo… Fue muy bonito. Me entra mucha nostalgia.

Me viene a la cabeza ahora que daba igual el resultado del partido, al final del mismo siempre había una foto de todos juntos.

¡Sí! Y si te das cuenta después de los partidos nos reuníamos en el centro del campo todos, los que jugábamos y los que no, entrenadores… y celebrábamos cada punto como un paso de gigante. Teníamos en la mente que era muy difícil y que había que celebrarlo como si fuese un título casi. Y al final tenemos un récord bastante difícil de conseguir. Cada victoria suponía la sensación de: lo hemos pasado mal, ha sido una semana difícil, pero lo hemos conseguido y ahora lo vamos a celebrar hasta el lunes y después otra vez lo mismo. Y mira…

¿Le dolió que el descenso de la temporada pasada terminara ya oficialmente con el bloque de Los Guajes?

No voy a culpar a nadie. Creo que todos tenemos responsabilidad y culpa. Las cosas no salieron bien, se pueden hacer mil análisis, pero es así. Empezamos bien la temporada y parecía que la historia iba a ser diferente, pero entramos en una racha muy mala que la tuvimos en el hombro toda la temporada, nos pesó demasiado y no supimos reponernos. Hay que ser sinceros. Y hay que soportar las críticas, que no guste el descenso, pero al final es un juego y salió mal. El primero que me fastidio soy yo y el primero que lo vive como un descenso soy yo, porque estoy igual de fastidiado que todos.

¿Y cómo decide después de tantos años hacer la maleta, porque esta vez sí tuvo que ser maleta, e irse de su casa?

Era algo que tenía ya pensado, independientemente de cómo acabara la temporada. Por mi forma de ser es algo que necesitaba, que sé que me va a llenar. Ya eran muchos años en el club, veintidós, y me lo pedía el cuerpo. Era lo que sentía. No quiero vender humo… pero lo necesitaba, de verdad. Y aquí, el tiempo que llevo, estoy encantado. Me vendrá bien y me hará disfrutar de otras cosas del fútbol. Aunque hace mucho calor para entrenar y mira que me gusta el calor… [ríe].

Dice que marca poco, pero ya ha hecho un gol…

[Ríe]. Fue en un partido amistoso, pero sí… [Ríe]. Es como cuando marqué al Hércules cuando jugaba en el Sporting, al principio me gusta engañar, hacer creer que soy goleador y luego van viendo que marco cada cierto tiempo [ríe]. Estoy contento, también fuera del fútbol. Quiero disfrutar de determinadas cosas que también tengo en mi cabeza. Y también intentaré ganarme el puesto.

Pese a que dejó claro que no le gusta hablar de futuro… ¿qué le gustaría hacer cuando cuelgue las botas?

Vivir fuera, tengo pensados varios sitios. Y buscarme la vida como sea. Pero mi mujer tiene un trabajo y quiero que ella también sea feliz. Si puedo ser profesor en España… es mi primera opción. Pero la vida da sorpresas.

¿Volverá por Mareo?

¡Claro! Es mi casa, no sé si mi segunda o mi primera… Creo que ya es igual que la de mis padres [ríe]. Me apetece mucho ver a mucha gente, charlar… pero dentro de un tiempo. Mantengo el contacto, eso sí. Están contentos y me gusta que sea así.

*Entrevista realizada tras el descenso a Segunda para #LamagiadelBrujopapel2.

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