JOSÉ ALBERTO: “ME EMOCIONA VER A MIS JUGADORES EN EL MOLINÓN”

José Alberto
© La magia del Brujo

Obrero del fútbol. Fabricante de sueños. Emprendedor de ideas con el balón como eje. Creyente de los suyos. Alquimista del sportinguismo. Profesor de técnica. Motivador táctico. Coleccionista de partidos en su retina. Anotador de detalles deportivos. Entrenador de ascenso(s). Técnico de (la) Escuela. Guía del Sporting B por los campos de España. Hecho a sí mismo, sin ayudas y con obstáculos. Incansable perseguidor del éxito, pero sobre todo del aprendizaje. Y ante todo: padre de Carmen y Javier y marido de Laura. José Alberto López, es el entrenador que en plena adolescencia ya sabía que sería tal y una lesión anticipó su llegada a los banquillos. Dicen que no hay mal que por bien no venga y mientras la rodilla le rogaba clemencia, la cabeza le ordenó a que, desde entonces, y valga la redundancia, fuera él mismo el que diera las órdenes.

¿Cuándo empezó tu pasión por el fútbol?

Creo que como todos los niños que les gusta el fútbol… Con cuatro o cinco años.

¿No te planteaste seguir en el fútbol o intentarlo cuando te dijeron con 20 años, por la lesión, que pararas?

No… Ya había empezado a entrenar y me gustaba. Además, lo primero, lógicamente, es la salud. Cuando me recomendaron dejar de jugar por el tema de las articulaciones, así lo hice. Seguí enganchado a esta droga que es el fútbol desde el otro lado, desde el banquillo.

Te iba a preguntar si te lo tomaste como una derrota o como una oportunidad, pero entiendo que como una oportunidad.

Bueno… lo pasé mal. No fue un cambio fácil porque a mí me encantaba entrenar, el día a día del vestuario… y echas de menos todo aquello al recordar momentos muy felices que habías vivido como jugador. El fútbol es muy ‘guapo’, como digo yo, para los jugadores. Para el resto es bonito, pero también es más injusto. Es otro rol diferente al del futbolista. Pero estudié para obtener los niveles de entrenador y seguí formándome para ello. Una vez que ya te metes de lleno en el mundo del entrenamiento te absorbe y tienes poco tiempo para pensar en el pasado o en lo que hubiese pasado si no hubiera tenido aquel brote o los brotes posteriores que sufrí.

Sabías que algún día tendrías que dejar el fútbol, pero fue muy pronto… Supongo que asimilarlo con tanto tiempo de antelación es complicado a nivel mental.

Sí es complicado, pero también me hizo empezar a entrenar muy joven, así que ahora sigo siendo muy joven. Hay gente que me echa muchos más años de los que tengo porque llevo muchísimo tiempo entrenando y con un bagaje importante en el fútbol base. Ahora voy haciéndome camino, creando trayectoria en el fútbol profesional. Intento, poco a poco, ir asimilando todas las cosas buenas que me van pasando y no pensar tampoco mucho en aquella etapa porque, ya te digo, no la recuerdo con agrado.

Estudiaste magisterio en la Universidad, ¿fue por algo relacionado con el fútbol o simplemente por vocación también por la enseñanza?

No, no. Siempre digo que mis dos pasiones son el aprendizaje y el fútbol. Empecé primero en Pedagogía. De hecho, hice el primer ciclo de Pedagogía, después, las prácticas con un ‘PT’ [maestro de Pedadogía Terapeútica] y me di cuenta de que también me gustaba. Pero decidí cambiarme porque pensaba que los tres años de Magisterio los acabaría más rápido que los dos que me quedaban del Ciclo Superior de Pedagogía. Creo que acerté porque, como te digo, así junto mis dos pasiones: la formación y el fútbol. He tenido pocas oportunidades de trabajar como maestro, pero sí he estado muy relacionado con la formación en lo referente al fútbol: dirigí clases de táctica, técnica, metodología, dirección de equipos, etcétera, en una academia de entrenadores de Asturias. Y ahora pongo en práctica muchas cosas que también aprendí en la carrera.

¿Y qué tiene de especial el fútbol base para ti?

Tiene de especial que hay que trabajar con tanto o más rigor que en el fútbol profesional porque los niños tienen mucha ilusión, juegas con las ilusiones de los más pequeños y lógicamente esto hay que trasladarlo a un trabajo muy exhaustivo y riguroso para la mejora individual de cada jugador. Lo más reconfortante es ver evolucionar a los críos… Cuanto más pequeños son, más crecen después. Muchos entrenadores decimos que cuando los niños son más pequeños debe haber mejores técnicos. Por desgracia, no siempre es así o no siempre ocurre así, porque los entrenadores queremos crecer en este mundo y queremos estar lo más arriba posible. Pero tendría que haber mejores formadores y mejores entrenadores con niños pequeños.

¿Y de tu etapa en el fútbol base qué has aplicado a la actualidad en el profesional?

Muchas cosas. He pasado por prácticamente todas las categorías de fútbol base, así que me he equivocado muchas veces en muchas cosas que he hecho y he aprendido de ellas para ahora no equivocarme tanto o hacerlo menos. He cambiado y he ido cambiando también mucho la metodología de entrenamiento porque no es igual entrenar a un Benjamín que entrenar a un equipo Senior. Evolucionas y en esa evolución también está la mejora. Creces y llenas la mochila de conceptos, experiencias, ejercicios, cosas, vivencias, charlas de niños, charlas de más adultos… también ves qué problemas tienen con las diferentes edades y te das cuenta de las inquietudes y los problemas que los niños van teniendo cuando no ya no son tan niños, que normalmente siguen siendo los mismos.

¿Y te dio pena dejar el fútbol base con la espinita de la Copa del Rey con el Divisón de Honor

Me dio mucha pena terminar aquella temporada porque fue impresionante, con un inicio difícil, pero después hubo una reacción espectacular, con un juego increíble y me dio pena acabar con ese grupo que teníamos. Creo que formábamos un grupo muy bueno en todos los sentidos y esto fue lo que hizo que fuese una temporada muy exitosa. Pero tengo la suerte de seguir en el mismo club, de tener a muchos jugadores de aquella etapa ahora con nosotros y de ir creciendo juntos.

¿A lo largo de estos años hay alguna persona que te haya inspirado a nivel técnico, a nivel profesional, para aplicarlo sobre el campo? 

No tengo ningún ídolo, no soy una persona que idolatre a nadie, pero sí me he fijado en entrenadores muy buenos, algunos de ellos a nivel profesional y otros de la base, compañeros que he tenido y que son muy buenos. Y no solo de fútbol, también de otros deportes de equipo. Parece que ahora en el fútbol estamos estudiando mucho más todo y estamos incorporando cosas de otros deportes. Yo siempre he estado atento a esas cosas y vi muy buenos gestores de equipo de otros deportes.

¿Por ejemplo? 

Baloncesto, balonmano, incluso el voleibol. Probablemente el baloncesto es en el que más me fijo: balón parado, estrategias de bloqueo… Todo este tipo de cosas son muy importantes. Desde los veinte años, cuando dejé el fútbol, empecé a jugar al golf y también me ha aportado cosas. Es un deporte individual que antes no conocía y me ha aportado detalles que no tenía. En el fútbol hay veintidós o veinticinco individuos formando un grupo y cada uno tiene sus objetivos personales al mismo tiempo que cada grupo tiene sus objetivos colectivos, así que hay que hacerles ver que cada uno forma parte de un colectivo y que el equipo es lo que prima o lo que tiene que primar por encima de todo.

Cuando te llegó el reto del filial, acababa de descender a Tercera. ¿Cómo te lo tomaste?

Con mucha ilusión, con mucha confianza en mí mismo y con mucha responsabilidad también por lo que suponía tener al filial en una categoría que yo creo que no se merecía. El salto de Tercera a Segunda División B es muy grande, tremendamente grande, y para la formación de nuestros jugadores estar en una categoría muy exigente o tan exigente como la Segunda B, les iba a dar experiencia y una formación extra en comparación con Tercera. Creo que es más importante el día a día que la categoría en la que se juega, pero lógicamente jugar cada domingo contra rivales tan exigentes como los que estamos jugando este año te da un plus añadido para los jugadores.

¿Y no crees que esa temporada en Tercera les ha curtido tanto a nivel individual del jugador e incluso a nivel colectivo?

Lo que nos ha dado la temporada es que de diecinueve partidos jugados en casa de la liga regular hemos ganado dieciocho y perdido uno. Los partidos en Mareo, casi todos, los solventamos con bastante facilidad, por decirlo así. Teníamos la tranquilidad de que íbamos a jugar el Play Off, de que estábamos preparando un equipo para algo que iba a llegar en mayo. Teníamos casi la seguridad y mucha confianza en el equipo, además de la garantía de que los resultados iban saliendo. Teníamos que preparar al equipo para el mes de junio, que era donde había que llegar bien y cuando teníamos que conseguir nuestro objetivo. Esa tranquilidad en el trabajo nos hizo crecer muchísimo como conjunto, ir adquiriendo muchos mecanismos dentro del campo, ir conociéndonos muchísimo también fuera de él, hacer un grupo y una piña espectacular. Y creo que parte de los resultados que el equipo está teniendo esta temporada son parte del trabajo cosechado la anterior, porque tenemos un grupo que ha variado muy poco en estas dos temporadas y esto hace que todos se conozcan y jueguen de memoria.

Te iba a preguntar si sentiste presión, pero creo que te lo marcaste así desde el principio.

Quizá esa presión fue disminuyendo… [Piensa durante unos segundos]. Teníamos la responsabilidad de intentar devolver al equipo a Segunda B y para mí era una oportunidad profesional y un reto el entrenar al filial, conseguir el objetivo de ascender al equipo… Los meses de mayo y junio fueron de mucha presión, de saber convivir con la tensión de jugarte el objetivo en seis partidos y no fue fácil. La primera eliminatoria, el primer partido aquí en casa, fue un palo duro: tuvimos que levantar al equipo y creo que en Olot estuvimos a un nivel muy bueno y se nos escapó el ascenso por muy poco. Fuimos a Almería y perdimos el primer partido de la ida en el minuto 92 a pesar de que habíamos sido muy superiores y habíamos hecho un partido muy bueno. No fue un camino de rosas sino complicado, pero creo que esto nos hizo mejores a todos, también a los jugadores, por vivir estas experiencias que han sido difíciles y de las que ellos han aprendido. Y, lógicamente, para el cuerpo técnico ha sido igual que para los jugadores. Han sido unas experiencias difíciles, duras, donde hemos tenido que confiar muchísimo en el trabajo que habíamos hecho y que estábamos haciendo, dar muchísima tranquilidad a los jugadores en lo que se estaba haciendo y levantar la moral de después del partido en Almería. Pero creo que al final tuvimos una temporada magnífica.

Entrenar a un equipo profesional te exigía la totalidad del tiempo, ¿sentiste miedo al tener que dejar tu trabajo? ¿Te dio vértigo tomar esa decisión?

Tengo la suerte de que mi familia, mi mujer, mi madre, mi suegra… me apoyan mucho en este sueño y es un respaldo importante para tomar decisiones con seguridad. Siempre he tenido claro que quería intentar tirar por este mundo y me he encontrado con personas que me han apoyado a dar este paso. No es fácil porque tienes niños pequeños y dejas un trabajo para jugártela en una profesión tan difícil como la de entrenador, con la inestabilidad que nosotros tenemos. Es complicado, pero creo que esto también da mayor valor a lo que estamos consiguiendo y un mayor valor también a la trayectoria que vamos poco a poco haciendo. A ver dónde podemos llegar.

Hablabas de aprendizaje. Ignorando las tecnologías, que nos incumben a todos, ¿un entrenador deja alguna vez de aprender?

No, como ningún profesional. Hay una especie de lema que dice algo así como que uno muere cuando deja de aprender. Y yo estoy de acuerdo. Creo que cualquier profesional, en toda profesión, se está formando permanentemente y se está preparando para dar el siguiente paso. El fútbol cambia a una velocidad de vértigo. Por ejemplo: si ahora nos ponemos a ver un partido de hace cinco temporadas quizá nos aburrimos. Y ya no te digo de hace quince temporadas, que entonces nos aburriríamos seguro. El fútbol cambia a una velocidad de vértigo y los entrenadores tenemos que estar preparados y muy atentos a todos los cambios que se van produciendo.

Entiendo que tu manera de no oxidarte es ver fútbol.

Sí, ver fútbol, hablar con otros entrenadores, analizar bien todo todos los cambios que aparecen, hablar con otros sobre estos cambios, ir a congresos, hacer cursos, estar pendiente de cualquier cosa o cualquier artículo que pueda ayudarte a interpretar algún asunto que sea novedoso… Hay que estar muy atento a todas estas cosas.

O sea, escuchar, ver y aplicar.

Eso es, tal cual [ríe].

¿Cuánta importancia tiene para ti escuchar a los que te rodean? Por ejemplo a un aficionado. 

Soy una persona que me gusta escuchar a todo el mundo. Yo creo que de fútbol todo el mundo sabe y todas las opiniones son válidas. Lógicamente, la opinión de un aficionado muchas veces es diferente a la de un entrenador, pero te puede servir para reflexionar sobre cualquier cosa que te comenten. Yo soy una persona accesible, que sabe escuchar y que también me gusta reflexionar sobre las cosas que la gente me dice.

Es similar a la función de un psicólogo. ¿Cuánto tiene un entrenador de psicólogo? Sobre todo dentro del vestuario…

No sé el porcentaje, pero está claro que conforme aumentas la categoría en la que entrenas, más importante es la gestión de un grupo y los mensajes que envías a ese grupo. Un equipo de fútbol son unos veinticinco jugadores que están muy atentos y están estudiando permanentemente al entrenador o al cuerpo técnico y nosotros estamos en inferioridad respecto a ellos. Entonces son muy importante los mensajes que se mandan, la gestión de grupo y el liderazgo también.

Entiendo que para ti lo más importante es, como se dice coloquialmente, “lidiar con los egos” para que triunfe el colectivo.

Sí. Yo creo que en ello está el éxito de cualquier deporte colectivo. Era lo que te decía antes: cada jugador tiene objetivos individuales que hay que unir a los grupales. En ese equilibrio tiene que estar el entrenador y tiene que hacer ver a los jugadores que uno solo es imposible que en el fútbol pueda hacer algo. Yo siempre digo que las cosas no las consiguen los que juegan sino los que no juegan, porque el día a día es lo más importante. Hay que lidiar con todas esas cosas y hacerles ver que el objetivo grupal y que todos estemos bien hará destacar las individuales también.

¿Y cómo convives con ese peligro de que uno de tus jugadores o varios de ellos puedan ser llamados por el primer equipo en cualquier momento y tú puedas quedarte en cuadro?

Yo creo que no es un peligro. Cuando estás en un filial sabes que estás trabajando para ello. Por mi parte siempre tuve muy claro para lo que trabajamos cuando estaba en el Juvenil o en el Infantil, en el Cadete o para el Sporting B en este caso. Eso sí, tiene que estar todo muy bien coordinado para que los equipos consigan sus diferentes objetivos y puedas trabajar con el rigor y con la profesionalidad que cada equipo se merece.

Cuando un jugador nuevo llega a tu equipo, ¿qué es lo que le pides de forma innegociable?

Para mí es muy importante que todos los jugadores sean buenas personas y que sepan acatar lo que en cada momento se les pida. Y también que hay varios factores que son importantes dentro y fuera del campo, como el esfuerzo, el orden, la solidaridad, la intensidad… Creo que también es muy importante que las cosas se hagan y se digan desde dentro y no porque alguien ajeno te lo diga.

Se habla mucho de proyectos a corto o largo plazo, ¿pero realmente se puede hacer un proyecto a largo plazo en el fútbol actual?

Es muy difícil porque al final vivimos de los resultados y cuando vienen malos resultados el que cae siempre es el entrenador. Creo que a largo plazo hay pocos sitios donde se trabaje… quizá la Premier, pero cada vez menos y no sé si en Alemania hay algo más de estabilidad. Pero en la mayoría de sitios se vive el momento inmediato y esto te impide hacer cosas a largo plazo. Así está montado esto. El otro día leía un artículo que decía que cerca del 70% de los entrenadores de Segunda B han sido destituidos. Esta estadística deja bien claro lo que es el fútbol y lo que es esta categoría.

Paco Jémez me decía que, aunque él tiene una identidad clara a la hora de jugar, hay muchas maneras de hacerlo, ¿tú crees que es mejor tener una línea clara y seguirla independientemente del rival que tengas enfrente e introducir alguna variación o estar más abierto a otras opciones?

Creo que si eres una persona cerrada que tiene una idea muy clara de lo que quieres hacer o de los comportamientos tácticos que el equipo quieres que tenga, debes ser un fuera de serie para elegir bien los pasos y los equipos a los que quieres ir para que los jugadores se adapten a eso que tú quieres. Creo que los entrenadores deben tener comportamientos generales como una especie de valores franquicia y que sus equipos siempre deben poseer y después, en función del equipo donde vas, elegir bien el sistema de juego, los mecanismos de juego que quieres que tenga el equipo quieres en función de las virtudes y los defectos del propio colectivo.

Te iba preguntar precisamente esto porque Vidales me dijo que la raíz del Sporting es Mareo. ¿Un equipo se construye a raíz de unos jugadores o de una idea?

La base es diferente. En ella sí tiene que haber una idea que se vaya desarrollando a lo largo de los años y que Javi [Vidales] aquí la comenzó. Ahora Manolo [Murias] está siguiendo otra línea diferente, pero también con una clara línea de trabajo. Pero es que la base es diferente y el rendimiento es otro. Es totalmente diferente ser un entrenador de fútbol base que ser un entrenador de rendimiento.

Balta, exentrenador y exjugador de la Unión Deportiva Salamanca, me decía que el fútbol es sentimiento. ¿Tú crees que es positivo imprimir emociones a la hora de jugar o prefieres dejarlas fuera?

No, yo creo que es muy importante tener corazón para jugar. Lo que yo les pido a los jugadores cuando llegan es que vivan las cosas desde dentro, desde el convencimiento de la idea que tenemos y no que hagan las cosas porque se dicen y porque haya que hacerlas así, sino que lo vivan con intensidad. Es importante… y más aun en el Sporting y en Gijón, que es donde estamos. Nuestra afición lo que quiere es que el jugador sienta lo que hace, que sienta el escudo, que sean jugadores que lo den todo y si pueden ganar, mucho mejor, pero si pierden que sea haciendo eso, porque así la gente estará tranquila y reconocerá el trabajo.

¿Cuál es el mejor recuerdo que guardas hasta ahora?

[Resopla]. Muchos, pero probablemente el ascenso. Fue un día espectacular. Yo me quedé bloqueado después del pitido final y ver Mareo como lo vimos todos ese día… [resopla de nuevo], ver cómo la gente vino a apoyar al equipo en momentos que lo pasamos mal durante el partido, todas esas cosas… Actualmente veo el vídeo y me emociono todavía.

¿Y qué recuerdo te gustaría fabricar para dentro de un tiempo, hablar y recordarlo?

Me gustaría… [sonríe]. Me quedo con ese momento. Y perdona que vuelva a la pregunta anterior, pero también hay otros momentos que viví este año muy emotivos: el debut de chavales en partidos, chavales que yo he compartido con ellos muchísimos momentos, como Dani, Pedro o Nacho. Hemos crecido juntos y poder verlos jugar al nivel que lo han hecho me emociona muchísimo.

Aprecias un pedacito de ti en El Molinón cuando los ves…

Sí, sí. Imagínate. En algún caso he pasado con ellos siete años aproximadamente. Y ahora tienen veinte. Me llevan aguantando media vida [ríe]. Y, perdona, ¿cuál era la pregunta que me habías hecho?

¿Cuál es el recuerdo te gustaría fabricar ahora para recordarlo en un tiempo?

A mí me gustaría que los jugadores me recordasen como un entrenador que es justo, que les dice las cosas independientemente de que les gusten o no para que ellos puedan progresar y que me consideren un entrenador que les haya ayudado a mejorar. Eso es lo que me gustaría que recordasen de mí. Respecto a a mí, a nivel personal, me quedo con muchas cosas y no sabes nunca lo que queda por llegar, pero espero que lo que sea y el camino que nos quede por hacer nos traiga cosas muy buenas. Y en eso estamos… para eso estamos peleando.

¿Un jugador que te hay gustado ver jugar, que hayas disfrutado viéndole?

Me quedo con dos compañeros de mi hermano [Daniel López, jugador del Marino de Luanco actualmente]: uno en la Unión Deportiva Salamanca y otro en la Unión Deportiva Las Palmas: Zé Tó y David González. Son dos jugadores con una calidad individual espectacular y muy diferentes. Y con alguien que no tuve la oportunidad de conocer ni de estar en el día a día, pero me gustan los valores que transmitía: Carles Puyol.

Tenéis similitudes en el carácter.

Sí. Su carácter, su forma de ser, su forma de respetar también a los adversarios… Me parecía un jugador íntegro.

Y me has dicho que no tienes ídolos, ¿pero hay algún entrenador del que te guste su manera de hacer las cosas o su manera de jugar?

Me gustan mucho Guardiola y Mourinho, no te voy a decir que no. Me gustan cosas de muchos entrenadores, también de fútbol base. Y, como te decía antes, entrenadores de otros deportes como Phil Jackson de los Chicago Bulls y de los Lakers, que me parece espectacular. Creo que Ferguson en el Manchester hizo una labor increíble. Además, me gusta la tranquilidad con la que vive todo y lo bien que hablan los futbolistas de Wenger. Y también los entrenadores jóvenes alemanes que están saliendo ahora.

Y por último, un lema que tú tengas a la hora de trabajar.

Es fácil. Lo tengo en la pizarra, esa pizarra que tengo ahí siempre, inseparable [ríe]. Se lo digo siempre a los jugadores: «Juntos somos más fuertes». También me gusta el lema de la camiseta del ascenso: «Un equipo diferente, un ascenso inolvidable». Creo que un individuo por sí solo no es capaz de conseguir nada ni un entrenador tampoco, que su equipo de trabajo le ayuda a conseguir los objetivos y le hace mejor.

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