JAVI FUEGO: “SIEMPRE SOÑÉ CON JUGAR EN EL SPORTING”

JAVI FUEGO

Nació en Pola de Siero y lleva Asturias muy dentro. Le hubiera gustado saborear más el sueño que era para él el Sporting, pero no se arrepiente de su carrera. Encontró en Villa, Pablo Álvarez y otros tantos la figura del ídolo y en Acebal y Pole sus padres futbolísticos. Pero nunca olvidará el papel fundamental que jugaron sus padres para que hoy sea futbolista profesional. Ahora solo quiere disfrutar del fútbol, ese deporte que le ha curtido como persona y que le ha dado a grandes amigos. Con ustedes: Javi Fuego.

¿Por qué fútbol?

Por mi padre principalmente. Desde pequeño siempre me puso un balón en los pies. Y mi hermano mayor, que siempre jugaba con él.

¿Solo fútbol?

Siempre hicimos mucho deporte. Mi padre nos llevaba a carreras, a hacer cross, a montar en bicicleta… pero lo que más me gustaba era el fútbol. Había más opciones dentro de la vida, mi madre por ejemplo quería que me dedicara a la música. Y seguí también los estudios. Pero lo que me llenaba era el fútbol.

¿Siempre le apoyaron?

Siempre. Me dieron libertad para hacer lo que quisiese y los valores de esfuerzo y sacrificio. Me dejaron claro que podía hacer lo que quisiera, pero tenía que hacerlo bien y esforzarme. La figura de mis padres ha sido muy importante para mí en el fútbol.

Habla de sacrificio, esfuerzo… ¿Son los valores clave para llegar a la elite?

El fútbol es un deporte colectivo, pero los niños, desde muy pequeños viven en un ambiente muy competitivo. Se olvida un poco ese aspecto colectivo y prima el individual. Es algo que no me gusta, pero es lo que hay. Por ejemplo, en la cantera del Sporting había que hacer cada verano una especie de examen con muchísimos niños de mi edad y tenías que demostrar que tú merecías quedarte más que otros. A veces el fútbol es muy individual. Pero en cuanto a los valores, para mí es primordial: la solidaridad, el compañerismo, el sacrificio…

¿Tanta competitividad puede llegar a ser mala? Olvidas que debes disfrutar y te marcas unos objetivos que, a ciertas edades, no son los mejores…

Ya hace muchos años que fui ‘guaje’ [ríe]. Pero ahora esos valores y que comentas se está magnificando. Por ejemplo: ves el famoso trofeo ‘Brunete’, que nosotros también jugamos, y se habla de futbolistas individuales y no del equipo. La gente del fútbol debe plantearse hacia dónde quieren ir y creo que, en este caso, una parte importante pasa por la educación de los padres a los niños. Quieren tener un Messi con seis años y hay que dejar que el niño se forme, disfrute, falle… porque así es la manera en la que se aprende. Se deberían revisar los valores. Yo ahora que soy padre espero no cometer esos errores [ríe].

¿Qué queda del pequeño que jugaba en el Romanón?

La ilusión queda siempre. La esencia del fútbol sigue siendo disfrutar, pero cuando llegas a ser profesional es más duro, porque los resultados han de ser inmediatos y no hay la paciencia que debería haber cuando eres un ‘guaje’. Aquello era un sueño y hoy es una realidad. Al fútbol le debo muchísimo: ha solucionado la vida de mi familia y la mía. Sigo teniéndole el mismo respeto.

Con solo 9 años llegó a Mareo… ¿Cómo vivía ese trayecto Pola de Siero-Gijón? ¿Supo organizarse?

Para mí era una aventura y era lo que me gustaba. Ahora viéndolo con perspectiva, incluso en aquellos años ya era consciente, veo el esfuerzo que hicieron mis padres. Ellos sí que hacían un gran sacrificio. Yo siempre tuve la suerte de que se me daban bien los estudios sin dedicar demasiadas horas, así que salía del colegio, mi padre me llevaba todos los días a entrenar, volvía, cenaba, hacía los deberes y estudiaba y ya está. Pero el sacrificio real era el que hacían mis padres, porque ellos trabajaban: ambos son maestros. Mi padre sacrificaba todas las tardes para llevarme a Gijón y mi madre cuando llegaba a las diez de la noche con la bolsa de la ropa sucia por jugar por los campos de Asturias, siempre me tenía preparada la ropa para el día siguiente. Son dos personas fundamentales en mi carrera.

Ahora ha merecido la pena… Seguro que le recuerdan alguna anécdota del pasado viendo hasta dónde ha llegado.

¡Claro! Han podido ver que su hijo ha conseguido jugar con el equipo que siempre soñó en El Molinón. Es una gran satisfacción para ellos, pero sigo pensando en todo lo que sacrificaron… Y, aunque ahora que soy padre sé que se hace encantado, pienso en que podrían haber hecho otras cosas que le llenaran a ellos y optaron por ayudarme a mí. Están muy orgullosos de mí.

Llegó pronto al primer equipo. ¿Cómo afrontó el salto?

Creo que nunca se está preparado para afrontar un salto así tan de repente. Si vas poco a poco, quizá mejor, pero tan rápido… creo que la mente de un chaval no está preparada. Tienes que saber que todos te conocerán, que las actuaciones de cada partido serán valoradas por tantísima gente, que habrá críticas y elogios. Es difícil de digerir, pero los tiempos en el fútbol te obligan a quemar las etapas muy rápido para poder seguir compitiendo. Si quieres seguir hacia adelante, tienes que aceptarlo. Son momentos duros.

¿El papel del psicólogo ayudaría?

Yo tuve suerte porque en los equipos en los que estuve, en determinados periodos, trabajamos con un psicólogo. Creo que es una figura importante y que debería estar más vinculada a los equipos y al futbolista. No dejemos de ser gente joven que en determinados momentos tenemos dudas, porque nuestro trabajo está continuamente examinado por miles de personas y todo ello hay que saber llevarlo para que el rendimiento no se vea alterado.

Brilló y pronto voló. ¿Le hubiera gustado saborear un poco más ese sueño que había trabajado desde niño?

Sí. Jugué unos 117 partidos, a pesar de marchar muy joven pude disfrutar de El Molinón y del primer equipo. Pero en el fútbol aprendes que pasan cosas que el futbolista no controla del todo, aunque des tu opinión. Hay clubes, hay representantes, hay entrenadores… Se dio así. El Sporting creyó que era un buen movimiento para ellos y a mí me daban la oportunidad de debutar en Primera División. Echando la vista atrás, piensas, y querrías haber vivido el ascenso. Pero no lo puedes controlar. Pero también piensas que a lo mejor no hubiera llegado a Primera, no se puede saber. Estoy orgulloso de mi carrera, de haber jugado en el Sporting y en El Molinón, porque era mi sueño desde niño.

¿Se le queda clavada la ‘espinita’ para volver al Sporting o aun no cierra la puerta?

[Ríe] Ya soy muy mayor. Ya soy un veterano, no me queda mucho recorrido en el fútbol, soy consciente. Ahora estoy contento en el Espanyol, hicieron un esfuerzo grande para que viniese. Me siento identificado con el club y el proyecto. Tengo dos años más de contrato y supongo que no jugaré mucho más… Ya veremos. Si algo me ha enseñado el fútbol también es que no se puede hablar ni a medio ni largo plazo.

¿Qué quiere hacer en el Espanyol?

Disfrutar. Tuve la suerte de vivir todo tipo de situaciones en mi carrera: ascensos, descensos, impagos, estar en un club grande y jugar la Champions… Creo que el cupo de experiencias lo tengo lleno y ahora solo quiero disfrutar del entrenamiento, de los compañeros, de competir… No me pongo ninguna meta individual.

Al final esas experiencias curten a uno mismo como futbolista y persona.

Sí, sin duda. A mí cuando me hablan de las leyes concursales o los impagos siempre digo que, si volviese atrás y me dicen que acabo mi carrera como ahora, lo firmaría. Creo que esas experiencias te hacen valorar mucho más lo que has conseguido. Por ejemplo, las etapas en el Levante o Rayo Vallecano, me sirvieron para encontrar amigos de verdad y para ver cómo un vestuario unido puede llegar a conseguir grandes cosas pese a la adversidad de la situación.

Siempre ha sido muy querido allá donde ha jugado. Especialmente fue muy querido en Vallecas.

No me puedo quejar de ninguna de las que han sido mis aficiones. En el Rayo se vivió un momento muy complicado: los Ruiz-Mateos abandonaron el equipo, nos dejaron tirados a mitad de temporada, sin cobrar, y la viabilidad del club dependía de nuestro ascenso. La plantilla decidió sacarlo adelante y la afición se dio cuenta. Encajé muy bien en el Rayo y la afición conmigo. Soy un futbolista trabajador y el barrio de Vallecas también, así que tenemos muchas similitudes. En Valencia igual, pese a ser muy exigentes. Ahora en Barcelona también le tengo un gran respeto. Y en Gijón siempre me tratan de tal manera que me llena muchísimo. Me quieren bastante en todos los sitios [ríe].

¿Le hubiera gustado probar el fútbol extranjero?

Tuve oportunidades de probar Premier y Bundesliga, pero siempre preferí la Liga española. Inicialmente siempre les daba alguna oportunidad, pero a la hora de elegir: siempre España.

¿Cómo y cuánto duele el Sporting en la distancia?

Al final siempre estoy al día del Sporting por mis padres o mis amigos, que siempre me cuentan todo por el grupo de Whatsapp [ríe]. Y yo también me informo. Creo que ahora mismo está en una situación muy complicada, además me ha dolido muchísimo las marchas de Abelardo, Gerardo e Iñaki, porque como bien les dije a ellos: “nos hicieron sentir cosas estos últimos años muy grandes, por lo que consiguieron y cómo hacerlo”. A ver si con el nuevo entrenador consiguen una reacción. Estoy muy pendiente. Están abajo Valencia y Sporting y ojalá se salven ambos.

¿Qué significó Acebal para usted?

Con él debuté. Aun recuerdo aquel 4 de mayo de 2002 en Butarque. Tanto él como Pole, que era el segundo entrenador y que me había entrenado en Cadete cuando fuimos campeones de España, creyeron que un juvenil de segundo año podría aportar en un equipo profesional. Apostaron por mí. Tuvieron que remar mucho para hacerme futbolista profesional, pero lo conseguimos.

¿Se ha planteado ser entrenador?

Creo que sacaré el título de entrenador para tenerlo y formarme, pero aun no me planteo nada. Quiero seguir centrado en el fútbol. Llevo dedicada toda mi vida a él, así que sería raro dejarlo… pero también quiero disfrutar mucho de Asturias: conocer al dedillo los Picos de Europa, recorrerlos en bicicleta, hacer un ironman…

¿De ser así le gustaría volver a Mareo?

[Ríe] Bueno… Mareo es mi casa y los recuerdos son inmejorables. Me formaron como futbolista y persona. Desde los 9 años hasta los 23 pasé mi vida allí. Creo que podría enseñar esos valores a los niños, pero ya se verá si yo estoy preparado para entrar en Mareo, si es lo que me gusta y si quien esté en Mareo quiere que Javi Fuego esté allí.

Por último… ¿qué jugador le ha inspirado?

No podría decirte uno. Siempre tuve grandes compañeros y muchos ídolos. Pero al final los ídolos son gente más cercana y nunca olvidaré cómo me trataron cuando subí al primer equipo Villa, Samuel, Juan, Isma, Pablo Álvarez… Es un recuerdo inmejorable. Me cuidaron, me protegieron y me dieron mucho cariño. Podrían ser ídolos, porque les veía en El Molinón y conseguí jugar con ellos.

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