ÁLEX LÓPEZ: “EL SPORTING ME PARECÍA EL CLUB IDÓNEO PARA MÍ”

Álex López
Foto original: © Real Sporting

Responde enseguida a la llamada y, de fondo, se mantuvo la contagiosa risa de su hijo. Quizá porque sabía que el tiempo en España acababa, al menos esta temporada, o simplemente porque, como demostró después gusta de una entrañable amabilidad. Dos días después de realizar la entrevista, se confirmó su fichaje por el Brisbane Roar (Australia). Le gusta hablar, pero no de cualquier manera, reflexiona mientras va elaborando su discurso. Con un acento gallego patente, habla lento y transmite mucha calma. Además, se nota que sonríe mientras conversa y que ama el fútbol por encima de todas las cosas. Efectivamente, Gijón se perdió a un gran futbolista y a una fantástica persona. Con ustedes, Álex López.

Fútbol: cuándo, dónde y por quién o por qué.

[Ríe]. Buena pregunta. No lo sé, pero empecé enseguida a caminar, a los diez meses ya me movía, y siempre tenía una pelota. Y con tres años empecé en fútbol sala. Para mí el fútbol significa todo, llevo jugando toda la vida… Es algo que me divierte. Lógicamente, a nivel profesional no lo llegué a pensar hasta los quince o dieciséis años, que empecé a ir con el primer equipo del Racing de Ferrol. Jugué en fútbol sala hasta los doce o trece años, pero ya lo compaginaba con fútbol 7, que empecé a los once años, y después ya fútbol 11. Estuve en varios equipos de la zona hasta que a los trece años fui al Racing de San Rosendo, que es como un filial del Racing de Ferrol.

¿El fútbol sala es el primer paso?

[Ríe]. Yo creo que es donde empezamos la mayoría, pero no sabría explicarte por qué [sonríe]. Son los padres los que te apuntan e imagino que lo hacen porque ahí no te mojas y no pasas frío [ríe]. Pero creo que el fútbol sala es muy importante porque tiene algo que te puede ayudar en el futuro en el fútbol. Hay diferentes contactos con la pelota, controles, movimientos… que aprendes con él. Eso sí, es cierto que ahora ya se empieza antes en fútbol. Antiguamente, la mayoría de equipos no tenían categoría prebenjamín o benjamín. ¡Y ya tienen hasta biberones! [Ríe]

Hablaba con Juan Muñiz hace unas semanas sobre el fútbol base, que parece que se está profesionalizando en exceso.

Yo creo que sí. Demasiado. Pasa en muchos equipos… En el Racing de Ferrol se han ido masificando los equipos, por ejemplo en prebenjamín tienen cinco o seis equipos. Y creo que los equipos principales, como el Racing o el propio Sporting, deberían ser un objetivo, una especie de selección… Pero parece que tienes que llegar lo más lejos posible desde pequeño. Y ahí se están equivocando los formadores. En esas edades hay que disfrutar, equivocarte… Pero precisamente los que se equivocan ahora son los padres principalmente.

Y de ahí vienen ciertas ansiedades, ¿no? Recuerdo el caso de Ibai Gómez. Dijo que tenía una gran ansiedad y presión cuando jugaba en San Mamés y ahora está brillando con el Alavés.

Seguramente. Esto nos pasa a todos, incluso aunque seas un niño. Mira, recuerdo que el otro día vi a mi primo de quince años y juega al baloncesto. Le vi el fin de semana, cuando venía de jugar un partido y había perdido. Estaba derrotado, abatido… no tenía ganas de nada. Además, se había metido una presión innecesaria los días anteriores porque era un partido importante, se jugaban un ascenso, y salió mal. Al final esto se sigue llevando más adelante. Es cierto que, a cierta edad, esto también te ayuda a ver cómo puedes pasarlo en los próximos años. Cuando llegas al fútbol profesional la presión, la ansiedad, exigirte cada día ser mejor… es lo habitual. Todo ayuda, pero dentro de unos límites.

Quizá no hay que confundir responsabilidad con ansiedad.

Sí, eso es lo básico. Siempre que voy a ver a algún equipo o escuela y me dicen que dé un consejo a los niños, aunque no sea nadie para darlo, suelo decirles que disfruten, que aprendan, que hagan caso a profesores y entrenadores. Y estos tienen que darse cuenta de la edad que tienen, no meterles la presión de tener que ganar siempre… porque eso es una mentira. Precisamente ahí lo que no importan son los resultados. Y es donde se equivocan. De hecho, muchos clubes tienen como objetivo decir “mi equipo alevín  ganó 10-0” y eso no es así.

Y volviendo a tu infancia… Pasaste por casi todos los equipos de Ferrol, pero, ¿A Malata Curte?

[Ríe]. Estuve en varios equipos, pero a nivel profesional debuté muy pronto con el primer equipo del Racing. Debuté con dieciséis o diecisiete años en Segunda División y luego estuve en Oval y en el Narón, que siempre lo comento, y ambos estaban en Tercera. Fueron dos pasos atrás, pero para dar más hacia adelante. Sin embargo, A Malata, en la época en la que coincidí yo, era muy complicada especialmente para los canteranos porque la filosofía no era la de aprovecharse de la cantera. Y es cierto que esa filosofía le dio muy buenos resultados, pues jugó varios años en Segunda. Pero los que veníamos de abajo teníamos que hacer tres o cuatro veces más que el resto para tener una oportunidad. Curte, pero para mí la mejor experiencia que he tenido ha sido la del Narón. Tenía compañeros que trabajaban durante todo el día y venían a entrenar a las ocho de la tarde y lo hacían con gran ilusión y una enorme sonrisa. De hecho, ellos, cuando había partido, ya se habían levantado a las seis de la mañana a barrer las calles y eran los primeros en tirar del carro. Todo ello me hizo valorar lo que tenía y lo que conseguí.

Te mantiene con los pies en la tierra… 

¡Sí! [Lo dice con gran énfasis]. Tuve la suerte de tener en ese equipo a compañeros como Ángel Cuéllar, Manel, Juanito… jugadores que llegaron a Primera o Segunda División. Son ejemplos. Cuando eres joven y de repente debutas muy pronto con el Racing de Ferrol, veías que podía jugar y no lo hacía, iba a la Selección Española… y me faltó paciencia. Te quieres saltar los pasos adecuados y bajar a Tercera y encontrarme a esos compañeros y a ese cuerpo técnico, me ayudó mucho.

¿Es cierto ese orgullo de defender los colores de tu tierra?

Sí… [Lo dice dubitativo]. Soy del Racing de Ferrol desde pequeñito y haber podido jugar con ellos es una alegría inmensa. Y tuve la suerte de irme con veinte años al Celta y empaparme de su sentimiento, pero cuando fui no era aficionado… Ahora sí lo soy y lo seré hasta que me muera. Pero sí, es un orgullo poder defender a un equipo que acabas sintiendo tuyo.

¿Y cómo fue tu periplo en el Celta? Experimentaste momentos buenos, malos… pero fuiste importante.

Firmé para jugar en el Celta B y recuerdo que llegué entre semana. Me invitaron a ver el fin de semana un partido del primer equipo contra el Alavés, que es cuando debutó Iago Aspas y marcó dos goles. En aquel momento, el equipo estaba coqueteando con descender a Segunda División B. Debuté con Eusebio en el primer equipo, jugué dos partidos, y con el filial me salió una buena temporada. De hecho, acabé siendo el máximo goleador. Después llegó Paco Herrera, que es el que me lleva a hacer la pretemporada con el primer equipo y me da continuidad. Esa primera temporada vivimos de todo: jugamos el Play Off pero estuvimos muchísimo tiempo entre los dos primeros y parecía que iba a ser el año del ascenso después de tantos años en Segunda pero no fue así. Eso sí, lo conseguimos la siguiente temporada y fue algo increíble. El año en Primera fue complicado porque nos salvamos en la última jornada, con todo lo que eso supone, pero a partir de ahí fue todo a mejor. Se dio el paso adelante. En la primera temporada de Luis Enrique acabamos octavos o novenos y con Berizzo ya se fue más allá. Me siento muy orgulloso de haber formado parte de esa etapa. La situación actual del equipo a nivel deportivo, social y económico es muy buena.

¡Y de qué manera contribuiste! Recuerdo especialmente dos golazos: uno ante el Pucela y otro contra el Málaga…

[Ríe]. El gol contra el Valladolid fue el primero que hice en Primera. Y contra el Málaga tuve la suerte de hacer goles. Además, Willy Caballero venía de hacer un partidazo en el Bernabéu y se pedía su titularidad en todas las portadas. Y la semana siguiente fuimos allí y les ganamos…

Le pregunté a Luis Santiago [formador experto en fútbol base gallego] por ti. Y me dijo esto: “Un referente y quizá el mayor ejemplo de talento que haya dado el fútbol de Ferrolterra. Pasó por todos los clubes de la comarca: Racing Juv.; O Val; Narón Balompié y Racing de Ferrol. Una inteligencia táctica solo al alcance de los privilegiados que aun así no le sirvió para tener la continuidad que todos los que lo admiramos creímos que iba a tener. Será siempre un destacado de la historia del fútbol gallego”.

[Ríe]. ¡Hostia! [Ríe] Juste le vi el otro día. Me lo encontré el jueves porque estoy entrenando con el Ferrol, hicimos una comida en un restaurante y allí estaba. Se lo agradezco un montón. Está claro que a uno le gusta escuchar que digan esas cosas de ti… ¡Le tendré que invitar a una comida! [Ríe]

Hablaba de la no continuidad que se esperaba de ti… ¿El fútbol ha sido injusto contigo?

¡No! El fútbol es tan complicado… Además, siempre intento sacar el lado positivo. He tenido la suerte de cumplir los sueños que tenía desde pequeño. El fútbol es como la vida: tomas decisiones y no puedes pararte a pensar si tomaste la correcta. Por ejemplo: cuando me fui a Inglaterra, lo decidí yo. Quizá si me hubiera quedado en el Celta, seguiría allí. O no. No se sabe. Son decisiones que tomas y a toro pasado todo parece más sencillo. Hay otros jugadores que seguramente tenían más talento que yo y no consiguieron llegar…

Antes hablábamos de A Malata, pero, ¿qué podemos decir de Balaídos?

Lo recuerdo siempre con los pelos de punta. Vivimos partidos en los que se acaba llenando y había una conexión con la grada… En Segunda, la gente estaba quemada porque no se fiaba, ya eran muchos años en esa categoría y se desenganchaba. Pero conseguimos que volvieran a engancharse. Se consiguió que los partidos allí fueran especiales…

Allí jugaste de mediocentro ofensivo y de media punta, ¿dónde prefieres jugar?

A veces jugábamos con un 1-4-4-2, otras con un 1-4-4-1-1. Y ahí jugué mucho en el doble pivote. Después, con el 1-4-3-3 jugué bastante de interior. Pero no sabría decirte dónde prefiero jugar. Quizá donde menos cómodo me siento es en la posición de mediapunta, porque prefiero ver el fútbol de cara y hacerlo de espaldas me cuesta más.

Te gusta leer el fútbol.

Sí, sí. Es así como me siento más cómodo. Me gustaba jugar de interior también porque me permitía explotar la llegada y marqué bastantes goles. De hecho, hice cinco goles en Primera. En cualquiera de esas posiciones me siento cómodo y en la que menos, en la mediapunta [ríe].

Se percibe tu pasión por el fútbol… ¿Es el centro del campo donde se fabrica?

[Ríe]. ¡Yo creo que sí! Depende del estilo, del partido, del entrenador… Pero creo que un centro del campo fuerte es fundamental para cualquier estilo. La base y la fuerza, o en gran medida, de los equipos que han hecho historia en el fútbol radicaba en el centro del campo. Eso sí también es la zona más complicada para jugar porque si recibes ahí te pueden venir de cualquier lado, presionar… Hay que leer antes todo. No es fácil, pero a los que jugamos en esa zona nos gusta mucho.

Hablabas antes de que tú tomaste la decisión de marcharte a Inlaglaterra. Te fuiste al Sheffield, un clásico inglés que se fundó en el siglo XIX. Una temporada te bastó para ganarte a la afición, porque ya he visto que a menudo piden tu vuelta…

Fue una experiencia maravillosa tanto a nivel personal como profesional. A nivel personal porque era la primera vez que salía de España… ¡Bueno, de Galicia! [Ríe] El fútbol era muy nuevo para mí. Eso sí, fue una temporada muy buena y muy bonita, pero también difícil. Allí viví todas las etapas: al principio jugué mucho; después tuve una lesión que me tuvo bastante tiempo parado y me pilló precisamente en la época más difícil de Inglaterra, que es entre noviembre y febrero; y cuando me recuperé volví a jugar mucho… Incluso llegamos a la final de Play Off de ascenso, nos quedamos a un gol. Pero el ambiente y todo lo que significa ese club era increíble: se llenaba el campo siempre, animaban los 90 minutos, fuera iban más de tres mil personas… Era, como dices, un club histórico aunque en los últimos años haya sufrido bastante. Fue una experiencia muy bonita. Y estoy muy agradecido por todo el cariño que he recibido y que sigo recibiendo tanto tiempo después.

Centrándote en el plano más futbolístico, ¿se nota tanto que es la cuna del fútbol?

Puede ser… [Resopla]. La diferencia que veo es que allí es menos táctico, hay mucha más transición, mucha verticalidad… Pero tiene cosas que tendríamos que copiar aquí, por ejemplo la organización. El hecho de saber los horarios de toda la temporada desde el primer día es importantísimo porque ayuda bastante a la gente a que se pueda organizar, ir al estadio, viajar con su equipo… Creo que aquí lo deberíamos mejorar. Y recuerdo también que cuando había una entrada, un corte de balón, un córner… ¡La gente se volvía loca! [Lo dice con emoción y sonriendo] 

Después, Valladolid con Paco Herrera, ¿fue clave él para tu fichaje?

A ver… [Expresa duda]. Paco fue una persona muy importante en mi carrera porque él me hizo debutar y me dio continuidad con el primer equipo del Celta. En aquel momento, yo todavía estaba en Vigo pero me planteé volver a Inglaterra porque el club quería que continuase y yo había estado muy bien. El Valladolid llevaba tiempo llamándome, Braulio [el director deportivo del Real Valladolid] había contactado conmigo antes de que llegara Paco. Me pareció un proyecto muy interesante, me gustaba la idea de ayudar a un club como el Valladolid a volver a Primera. Desafortunadamente, no salió así.

¿Y sí lo fue para fichar por el Sporting?

[Tarda en contestar] Sí, también. Coincidió todo, porque también estaba el director deportivo de mi etapa en Vigo. Y el Sporting era el sitio al que quería ir. El Sporting me pareció el club idóneo para rescindir con el Celta, empezar de nuevo y continuar con mi carrera. Además, es un club que siempre me ha gustado. Pero fue un año muy complicado… Te queda esa espina de no haber podido demostrar y sobre todo de no haber podido ayudar al equipo a volver a Primera.

Desde el club nunca se terminó de concretar qué te pasaba… 

Yo vengo de una pretemporada atípica, porque no puedo participar en los partidos con el Celta y para mí es lo más importante para tener ritmo y llegar en condiciones al inicio de Liga. Después, empecé a jugar con el Sporting y estaba bien, pero se empezó a sobrecargar la zona lumbar de la espalda y tuve la mala suerte que me cogió el nervio ciático provocándome dolor en toda la pierna izquierda. Fue una lesión dura, complicada, difícil… que requería tiempo. Fui a Madrid a realizar un tratamiento para ver si conseguíamos solucionarlo… Lógicamente a mí me habría gustado que me durara una semana o dos [ríe con ironía], pero estas lesiones dependen de que baje la inflamación, del dolor… de cosas que no controlas o no puedes controlar. Al final conseguí recuperarme y pude jugar los últimos partidos, pero…

Cuando pudiste jugar, gustaste. Al final, la gente no te había podido ver antes… ¿Te generó impotencia y rabia no haber podido demostrar con tiempo lo que realmente eres?

¡Sí! Te queda eso… Entiendo que la gente pensara “este vino aquí, se lesionó y a vivir…”. Pero no es así y te queda esa espina. Y me queda porque yo me conozco y sé lo que podría haber aportado y en lo poco que jugué tuve muy buenas sensaciones. Considero que podría haber ayudado muchísimo más, pero hay cosas que no dependen de uno y solo podemos asumirlas. Pero, sí, me queda esa espina porque creo de verdad que podría haber encajado en el club y con la gente… Pero a pesar de todo, me ha servido para ver y valorar lo grande que es el Sporting y lo he podido vivir. Deseo que vuelva a Primera lo antes posible, porque se lo merece toda la gente que hay detrás y todos los amigos que he dejado allí.

¿Y cómo gestionaste la lesión a nivel psicológico?

Fue muy difícil no solo en el aspecto físico, también a nivel psicológico. No es lo mismo una lesión muscular, que sabes los plazos a seguir, que un caso así. Se pasa muy mal, de verdad. Algo tan básico como vestirme no podía; hacía algún movimiento y me daba un calambrazo que me paralizaba todo el cuerpo, no aguantaba más de cinco minutos sentado… Fue muy duro. Entiendo que la gente no sabe cómo se pasa, pero fue muy difícil. Y verme después en el equipo y sentirme bien fue una alegría…

¿Sentiste miedo?

Sí… Se te pasa todo por la cabeza, sobre todo cuando pasa el tiempo y no mejoras. Pero no es que no mejores para el fútbol, sino para la vida diaria. Además, a mí me coincidió cuando nació mi hijo y fue todo muchísimo más complicado. Pero tenía claro que me recuperaría sí o sí y para ello trabajé muchísimo durante esos meses. Me conciencié en ponerme bien, en hacerme entender que había que tomárselo con calma porque es una lesión extraña y lo más importante es estar bien.

Después de esa temporada tan extraña te has preparado durante el verano para irte a… ¿Australia? [*La entrevista se realizó antes de confirmase su fichaje por el club australiano]

[Ríe] Hay muchas posibilidades de que me marche allí. Pero, sinceramente, a principio de verano no tenía esa posibilidad en la cabeza porque quería quedarme lo más cerca de casa posible. Y aparecieron opciones de Segunda pero no me acabaron de convencer, así que se cerró el mercado y con él las opciones de España. Es ahí cuando pienso en irme de España. Llegó esta opción y lo primero que piensas es “¿pero dónde voy yo a Australia?” [Lo expresa con cierta gracia y ríe]. Pero terminas informándote, viendo cómo se juega y cómo se vive, cómo estará tu familia… y la verdad es que todo era muy positivo.

¿Sientes que estas dos últimas temporadas han lastrado en cierta forma tu carrera? Al final, los 30 años son la madurez en el fútbol.

Sí, es cierto. Las dos últimas temporadas no fueron como me hubiese gustado, especialmente la última. Pero lo más importante es que ahora me encuentro bien y con muchas ganas. Pero seguro que el siguiente paso [se refiere a Australia] será muy bueno y positivo.

¿Y cómo has vivido al punto de partida, al Racing de Ferrol, para prepararte para esta nueva etapa?

[Sonríe] Estoy muy agradecido al club porque no es sencillo tener entrenando a un jugador externo, pero el director deportivo y el resto del staff y jugadores se han portado muy bien conmigo. Además, ya conocía a muchos de los compañeros. He podido llevarlo todo mejor gracias a ellos, porque entrenar solo habría sido mucho más duro. Y el club, pese a estar en Tercera División, entrena como un club profesional. He estado muy bien y muy cómodo y, además, tienes un sentimiento especial porque es tu casa.

Hemos hablado de muchas personas a lo largo de la conversación, ¿pero quién sabes que estará siempre en tu vida?

¡Sí! Hay muchos. En el fútbol tienes la suerte de conocer a mucha gente. De la época de Vigo siempre quedamos Toni, Dani Abalo, Sergio, Jonathan Vila, Mario Bermejo, Borja Oubiña, Javi Varas, Hugo Mallo… Y en Inglaterra también entablé relación con algún compañero. Después en Valladolid también hice mi grupito: Javi Moyano, Míchel, Guiti… Y en Gijón también. El fútbol te ayuda a conocer mucha gente y cuando acaba la gente es lo que queda para contar las historietas [ríe].

Mi sensación es que en Gijón nos hemos quedado sin conocer a un buen jugador y a una buena persona.

[Ríe] ¡Lo de buena persona no sé yo, eh! [Vuelve a reír] Soy el primero que tiene mucha confianza en sí mismo como jugador y creo que podría haber aportado mucho. Es una pena, la verdad, pero son cosas del fútbol. Quitando la lesión, mi familia y yo estábamos muy felices en Gijón porque nos encantaba la ciudad y nos sentíamos muy cómodos con el club y los compañeros.

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